Este es el talento oculto de los grandes contadores de historias

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A todos, sin excepción, nos ha sucedido más veces de las que nos gustaría reconocer. ¿Sabes a qué me refiero? A que abordamos una tarea, cualquiera, convencidos de que “es la mejor forma de hacerla”. Sin embargo, el proceso se complica, se extiende, y muchas veces, la mayoría de las veces, el resultado dista mucho del esperado. O, peor, abortamos la tarea.

A mí, te lo confieso, me ha sucedido muchas veces en la cocina cuando intento seguir una receta al pie de la letra. La receta está bien, por supuesto, pero por alguna razón que nunca pude establecer, no me funciona. Igual ocurre con los “sencillos tutoriales” de programas que abundan en internet: difícilmente consigo el resultado, y mucho menos de forma “fácil”.

Me va mucho mejor con la intuición, con esa vieja estrategia de prueba y error. Quizás porque lo asumo como una cuestión de orgullo: no quiero dejármela ganar. Entonces, me doy mañas para aprender, para cumplir con el objetivo previsto, así a veces el camino sea más largo. Al final, pienso, de eso se trata la vida: no hay libretos perfectos, ni fórmulas mágicas.

Y esto último es especialmente importante, y cierto, en el caso de la creación de historias. Sí, ya sé que en internet, en medio de tanta basura, de tanta inmundicia, abundan los gurús y los vendehúmo que pregonan algo distinto. Que basta con una fórmula de copywriting, que seguir los 3-4 pasos de la versión abreviada del viaje del héroe te convertirán en un gran escritor.

Por supuesto, es mentira. Las fórmulas de copywriting son eficientes, pero no para crear historias. Fueron creadas con otro propósito y funcionan muy bien si sabes aplicarlas. En el caso del viaje del héroe abreviado (planteamiento-nudo-desenlace) sirve en algunos casos. A mí no me agrada porque, sin querer queriendo, te lleva a ser repetitivo o, peor, aburrido.

Después de casi cuarenta años escribiendo a diario tengo la convicción de que el arte de escribir es más una habilidad (también me gusta el término método) que una fórmula. Lo básico es contar con las herramientas indispensables y, luego, darte permiso de pensar, primero, y de experimentar, después. Un proceso que, valga decirlo, incorpora el error y la frustración.

Dentro de ese kit de herramientas, por cierto, no está la tal inspiración. Y, aunque no me lo has solicitado y quizás no te guste leerlo, tampoco incorpora la inteligencia artificial. En el caso de la inspiración, seguro lo sabes si sigues mis contenidos, no existe: no va a llegar simplemente porque ya está en ti, dentro de ti. Lo único que debes hacer, entonces, es activarla.

En cuanto a la maravillosa tecnología que se incrustó en nuestra vida, en nuestro trabajo desde su meteórica irrupción en noviembre de 2022, no es necesaria. Recalco: tú ya posees todo lo que se necesita. ¿Qué? Tu conocimiento, tus experiencias, tus aprendizajes, tus errores, tus creencias, tus valores, tus pensamientos, tus sueños. La IA no te puede aportar nada de esto.

El concepto más importante, el que quiero que aprendas y pongas en práctica (si te lo tatúas en un brazo, no estaría mal), es que narrativa y reglas son como el agua y el aceite. Si de verdad quieres crear una historia de impacto, de esas que se recuerdan y agradecen, lo mejor es que utilices lo que la vida te proporcionó: dones y talentos, más el mencionado kit de herramientas.

Reitero: el proceso de creación (no solo el de escritura) es producto de una habilidad desarrollada. Es decir, todos, sin excepción, poseemos el potencial, está incorporado en la configuración original. La diferencia radica en que algunos la desarrollamos y la cultivamos, mientras que otros eligen caminos distintos. Por supuesto, con resultados distintos.

Me gusta más entender, asumirlo como un juego, con un reto. “¿Será que puedo? ¡Claro que puedo!”. Soy consciente de que la vida me dio todo lo que necesito, me concedió el privilegio de vivir experiencias únicas, irrepetibles, increíbles. Lo que haga falta corre por mi cuenta con práctica, profesionalismo, curiosidad y, sin duda, lo más importante: trabajo, constancia.

Es en esto último, precisamente, donde se esconde el engaño de los gurús y vendehúmos de las formulas perfectas, de los libretos ideales. ¿Cómo así? Te dicen que es muy fácil (en eso no mienten), pero no te dicen que requerirás práctica, trabajo, para lograr convertirte en un contador de historias digno de escuchar, de ver, de leer. Esa parte, el trabajo, es la que omiten.

Y vaya si lo sé. Luego de una década dedicada al marketing digital, tiempo en el que he tenido la oportunidad de compartir mi conocimiento y experiencia en charlas y cursos, llegué a una conclusión. ¿Sabes cuál? Las personas no quieren aprender a hacer, quieren ir directo al resultado exitoso y tan rápido y económico (ojalá gratis) como sea posible…

Sin embargo, aunque sé que es una batalla virtualmente perdida (recuerda, la pereza es la madre de todos los vicios), no dejo de insistir. Reitero, renuevo mi invitación para que te des una oportunidad y crees contenido auténtico.Quizás no te hagas famoso, seguramente no te harás multimillonario y probablemente no recibas los honores de una figura consagrada.

Y vaya si lo sé. Por mi parte, en todo caso, no hay reproche: nada de eso era lo que buscaba cuando tomé la decisión de hacerme periodista. Y más allá de los avatares de la profesión, de la mediocridad del oficio, valoro y agradezco cada día que la vida me ha permitido ejercerla. Soy un privilegiado, amo lo que hago y, a pesar del tiempo y las dificultades, la llama de la pasión sigue encendida.

Si nunca lo intentaste o si, quizás, probaste alguna vez y los resultados no te dejaron satisfecho (a lo mejor, porque las expectativas eran desmedidas), te invito a que pruebes lo siguiente. No es una fórmula, no es un libreto, no es un paso a paso. Tampoco quiero que los veas como un truco, porque no hay magia. Se trata, simplemente, de recursos útiles que te pueden ayudar.

Antes de comenzar, algo más: recuerda que el mejor narrador no nace, ¡se hace!

1.– Mejor que sobre y no que falte.
¿Sabes cuál es la característica que distingue a la mayoría de historias que son aburridas? Que su trama es plana, lenta, predecible. Es decir, falta conflicto. Y, no lo dudes, para que una historia sea una buena historia se requiere un gran conflicto (no grande, sino bueno). Que, por supuesto, debe ser creíble, sin exageraciones. Piensa en porqué te atrapan las telenovelas.

2.– No tengas miedo de copiar.
¡Cuidado!, no estimulo el odioso copy + paste. ¿Entonces? Elige tu autor o narrador favorito (no descartes un cantante), busca esa obra que te emociona y cópiala. Hazlo a mano, palabra por palabra. Repite 5-10 veces, y tu cerebro reconocerá los patrones, establecerá qué es lo valioso y entonces lo reproducirá cuando le pidas crear una historia. Créeme: ¡funciona!

3.– Comienza por el final.
Aunque te parezca increíble, esta es la clave de las mejores historias, de las inolvidables. ¿Por qué? Porque cuando escribes primero el final ya sabes cuál es tu destino y, lo mejor, evitas caer en la improvisación (prima hermana de la tal inspiración). Cuando conoces el final, recorrer el camino es más fácil. Esta técnica es un secreto de los mejores narradores de la historia.

4.– Convierte tu gancho en una promesa.
Nadie consumirá tu historia (película, relato, pódcast) sin saber qué recibirá a cambio de su tiempo. El rol del gancho va mucho más allá de atraer la atención: ¿qué aporta? ¿Romance?, ¿drama?, ¿acción?, ¿ficción? De él se desprenden el tono, la trama, el conflicto… Por supuesto, al final, la persona que consumió tu historia debe saber que cumpliste tu promesa.

5.– Crea personajes humanos.
¿Eso qué significa? Fundamentalmente, que sean imperfectos. Es decir, que tengan defectos, que se equivoquen, que sean ingenuos, que sean villanos… Personajes con características de seres humanos reales. Recuerda que las grandes historias oscilan entre dos extremos: el conflicto (la maldad) y el heroísmo. Y todos, absolutamente todos, tenemos algo de cada uno.

Plus.– Asegúrate de que la gente quiera más.
Como cuando vas al cine, disfrutas la película y sales pensando “¿Habrá una segunda parte?”. En el caso de la creación de buenas historias significa, en especial, quitar lo que sea relleno, lo que no le aporte a la historia. Asimismo, deja algunos cabos sueltos, no resuelvas todos los problemas, no cierres todos los círculos. Una buena historia es como la vida misma…

Puedo asegurarte en un 99,99 por ciento que no quedarás satisfecho en el primer intento. Tendrás que insistir, pero cuanto más entusiasmo expongas y más desarrolles tus habilidades (esto es, aprovechar todo lo que la vida te regaló), más pronto verás buenos resultados. Por si acaso, te aclaro algo: el gran talento de un buen narrador de historias es… ¡nunca rendirse!

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