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Las ‘excusas fáciles’ que te impiden escribir y cómo superarlas

Una de las principales razones por las cuales una persona quiere comenzar a escribir, pero no lo hace, es porque se escuda en lo que llamo el arsenal de excusas fáciles. ¿Sabes a qué me refiero? “Ay, es que ahora no tengo tiempo”, “Ay, es que tengo mucho trabajo”, “Ay, es que ya lo intenté y descubrí que escribir no es lo mío”, “Ay, es que nunca me gusta lo que escribo, es horrible”

¿Las escuchaste alguna vez? ¿Las utilizaste alguna vez? Seguro que sí, en ambos casos. Es producto de ese síndrome de declarase derrotado inclusive antes de haber comenzado, un atajo directo a la zona de confort. Porque las excusas fáciles comienzan justo cuando esa persona se da cuenta de que escribir requiere tiempo, trabajo, dedicación, disciplina, constancia y, sobre todo, un método.

Mi amigo y mentor Álvaro Mendoza utiliza con frecuencia una frase que me gusta mucho: “Roma no se construyó en un día”. Un buen escritor tampoco se hace de la noche a la mañana, de un día para otro. Es un proceso. Y puede ser un largo proceso, de hecho, dependiendo de cuáles sean tus objetivos. Eso, sin embargo, no puede constituirse en un obstáculo para comenzar a escribir.

Por allá en 1987, cuando comencé mi carrera periodística como redactor de Aló, la primera revista nacional de farándula y espectáculo en Colombia, creía que tenía todo para ser exitoso. De hecho, pronto recibí cálidos elogios que reforzaron esa creencia. Hoy, sin embargo, cuando me atrevo a releer esos artículos siento un poco vergüenza y me doy cuenta de cuánto necesitaba aprender.

Por fortuna, he aprendido. Tuve grandes maestros que me lo enseñaron todo, que me compartieron sus secretos, que me criticaron con dureza, pero con honestidad. Por fortuna, sigo aprendiendo, porque hace mucho entendí que este proceso, como la vida misma, nunca termina. Siempre puedes mejorar, siempre puedes explorar nuevos terrenos, siempre puedes corregir.

Que, por supuesto, de ninguna manera significa caer en manos de la obsesión por la perfección, que es otra de las excusas fáciles. Y es un obstáculo muy fácil de derrumbar: nadie, absolutamente nadie, ni siquiera un autor laureado con el premio Nobel, alcanza la perfección. Y a mi juicio esa es una buena noticia, porque significa que no hay un techo, que cada día se puede aprender y mejorar.

La primera cualidad que debe poseer un aspirante a escritor (sin pensar en que sea una profesión) es curiosidad. ¿Y sabes cuál es la buena noticia? Todos, absolutamente todos los seres humanos somos curiosos. El problema es que muchos ponen en segundo plano esa cualidad a medida que crecen. Solo se duerme, hiberna, pero siempre está ahí, lista para cuando quieras utilizarla.

Y la curiosidad implica un irreprimible deseo de descubrir, de probar, de conseguirlo y, además, la férrea voluntad de hacerlo a pesar de los miedos. Que siempre están ahí, pero que no pueden controlarte si tú lo impides. Solo se requiere empezar sin más expectativas que disfrutarlo e ir paso a paso. El aprendizaje vendrá del hábito y de la retroalimentación de tus lectores.

Perder el miedo, o por lo menos aprender a gestionarlo para que no te impida comenzar, significa aceptar que quizás no lo vas a hacer también como esperas. En otras palabras, que vas a escribir mal. Y está bien: así funciona. Pero, no solo para la escritura, sino para cualquier actividad de la vida: al mejor chef se le ahumó el arroz, o se le quemó un huevo. Así es como funciona el proceso.

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Para aprender, primero debes errar. Lo importante, en todo caso, es que descubras el aprendizaje que hay detrás de cada error y lo aproveches para hacerte más fuerte y avanzar. Si aprendes, esa equivocación desaparecerá pronto como por arte de magia y te darás cuenta de que cada vez lo haces mejor, tus lectores notarán la diferencia y te lo harán saber. ¡Ese es el proceso!

Ahora, permíteme que te haga una pregunta: ¿cuál fue la última vez que pensaste que no podías hacer algo y después, cuando te despojaste de los miedos y de las creencias limitantes, lo lograste? Esa, amigo mío, es la actitud que requieres para que comenzar a escribir deje de ser uno de tantos propósitos de Año Nuevo que nunca se cumple, para que sea un sueño hecho realidad.

Comienza por el principio. Ese es, sin duda, el consejo más sabio y más poderoso que puedo darte. ¿Y cuál es el principio? Lo fácil, lo sencillo, lo que ya dominas. Si lo que quieres es que tu primera producción escrita sea una obra que te haga famoso, millonario y por la cual te otorguen el Nobel, estás equivocado. Ni siquiera pienses en publicar o en que otros lean: ¡escribe primero para ti!

La escritura, lo diré y lo escribiré muchas veces, es una habilidad y un hábito. En cuanto habilidad, cualquiera la puede desarrollar. Cualquiera, tú la puedes desarrollar. Puedes hacerlo por tu cuenta, de manera autodidacta, o puedes apoyarte en alguien que posea el conocimiento, la experiencia y la capacidad para guiarte en el camino. Me encantaría, claro, si me eliges a mí.

En cuanto hábito, se trata de crear un método que se ajuste a tu medida, a tus condiciones, a tu experiencia, a tus necesidades y posibilidades. Y repetirlo una y otra vez, cada día, al menos por 10 minutos. Comienza por un párrafo, por media página, por una página, por un capítulo. Eso sí, por favor, no cometas el error de copiar al pie de la letra el método de otro y creer que te funcionará.

Escribir es un acto creativo y, por lo tanto, es algo único. Necesitas descubrir el tuyo, crear el tuyo, pero eso solo ocurrirá si comienzas, si perseveras. Puedo compartir contigo mi método, enseñártelo paso a paso, y darte también mis recursos y herramientas, pero eso no te hará un escrito y quizás tampoco te ayude a comenzar. Repito: necesitas descubrir el tuyo, crear el tuyo.

Por último, una realidad que a muchos no les agrada: cada día que pasa sin que comiences, sin que escribas, es un día perdido que jamás recuperarás. El día para comenzar es hoy, solo hoy. No permitas que las excusas fáciles sigan impidiendo que el mundo descubra y disfrute ese buen escritor que hay en ti. Tan pronto establezcas el hábito, verás como la habilidad innata aflora.

Algo que no puedo entender y que me cuesta mucho trabajo aceptar es que haya personas que se nieguen la posibilidad de escribir escudadas en las excusas fáciles. La vida pone a disposición de todos, de cualquiera, lo que necesitamos para ser felices, para conseguir lo que deseamos. Al final, sin embargo, cada uno elige lo que quiere, inclusive en contra de sus propios sueños y posibilidades.

Escribir es un acto autónomo, una declaración de libertad, un privilegio exclusivo de los seres humanos. No es un don, no es un talento escaso, no es una cualidad reservada para unos pocos: es un hábito y si tú tienes la capacidad para incorporarlo a tu vida te aseguro que lo vas a disfrutar. No te escudes en las excusas fáciles: si nunca lo hiciste, ¿por qué no pruebas hoy? ¡Inténtalo!

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