Categorías
General

Ambiente: 5 condiciones que te ayudarán a ser creativo y productivo

Si no haces lo necesario, si crees que es tan elemental como seguir los tres o cuatro pasos consignados en una plantilla, escribir puede ser una de las labores más difíciles que puedas enfrentar. Y no por la escritura en sí, sino por la experiencia. ¿Por qué? Porque no hay una fórmula exacta, no hay un libreto perfecto: escribir es un acto autónomo, personal e intransferible.

¿Eso qué quiere decir? Que nadie puede copiar a nadie. Cada escritor, aficionado o profesional, debe crear su propio método, su propio estilo, su propio paso a paso. Sí, se puede modelar lo que a otros les ha funcionado, pero tienes que adaptarlo a tu estilo de vida, a tus posibilidades, a tu conocimiento, a tu disciplina y disposición. Debes establecer tu rutina, tus hábitos y tu ambiente.

Esto último es muy importante. MUY importante. Y la mayoría de los escritores aficionados no lo tienen en cuenta, bien porque desconocen su importancia, bien porque no la toman en cuenta. Y, claro, después lo pagan caro y se salen por la puerta fácil: el tal bloqueo mental, que ya sabemos que es una bonita mentira para vender. El verdadero problema, sin embargo, está en otro lado.

Las dificultades a la hora de escribir surgen cuando la persona no se toma muy en serio lo que quiere hacer. Es decir, cuando cree que sentarse a escribir es algo marginal, que puede hacer por salir del paso, en cualquier momento y en cualquier condición. Y no es así. No me canso de repetir esto, porque es crucial: no hay reglas estrictas para todo el mundo, pero sí condiciones mínimas.

Cuando vas a cocinar, por ejemplo, te preocupas de contar con todos los ingredientes necesarios para preparar el platillo que elegiste, de contar con los implementos adecuados, de que no te falte algo que complique el proceso. Además, te pones en modo cocinero y sabes que te vas a concentrar en esa labor durante un período de tu tiempo. Empiezas si todo está dispuesto.

Cuando vas al gimnasio a hacer ejercicio, te preocupas de vestir la ropa adecuada para sentirte muy cómodo y no olvidas llevar una toalla, que siempre se necesita. Además, preparas una bebida para hidratarte y quizás hasta alistas algo de comer, como una fruta o una barra de cereal, para cuando termines tu rutina. Y llevas una muda de ropa para después de ducharte y regresar a casa.

¿Entiendes? Te aseguras de cumplir con las condiciones mínimas. Si, por ejemplo, si vas a cocinar te hace falta un ingrediente o no tienes el recipiente adecuado, tendrás problemas y quizás sea necesario cambiar de planes. Si vas al gimnasio y te llevas unas zapatillas que no son aptas para correr en la cinta de la máquina trotadora, con seguridad tu cuerpo lo notará y se revelará.

Si lo piensas, para cualquier actividad que desarrolles en la vida, laboral o recreativa, ejecutas el mismo plan. Sin embargo, sucede que a la hora de escribir la mayoría de las personas cambia su rutina o, peor aún, no tiene una rutina. Simplemente, toman su computador y se sientan a la espera de que aparezca la tal musa, esa inspiración que ha hecho carrera en el ambiente.

Pero, no aparece. O, quizás, tienes una idea de qué quieres escribir, pero cuando te sientas frente al computador las palabras no salen. Y, créeme, la mayoría de las veces no es el tal bloqueo mental, pero se lo atribuimos a él. La mayoría de las veces es que no has cumplido con las cinco condiciones básicas necesarias para que tu proceso de creación se desarrolle sin problemas.

CGCopywriter

Estas son las cinco condiciones básicas que a mí no me pueden faltar cuando voy a escribir:

1.- Mi lugar. Y recalco el mío porque soy de los que un día trabajan en el comedor, al siguiente lo hacen desde la sala, el fin de semana están en la habitación, en fin. Aunque te parezca una banalidad, pero en realidad no lo es. El lugar que eliges para escribir afecta, para bien o para mal, tu capacidad de producción. Tanto puede ayudarte a ser más creativo, como todo lo contrario.

Debe ser cómodo, hecho a tu medida, necesidad y gusto. La decoración y los demás implementos que haya allí deben ser tuyos, elegidos por ti, y conectados con tu personalidad, con tu esencia. Tiene que estar bien iluminado, tanto por luz natural como por artificial, y con buena ventilación: que no sea muy frío o caliente. Que cuando estés allí sientas que ese es tu lugar en el mundo.

2.- La disposición. Esto, te lo aseguro, no lo venden en ningún supermercado. La tienes o no la tienes, así de sencillo. Si no la tienes, olvídate de escribir ese día: dedícate a otra cosa y prueba mañana. ¿Por qué? Porque escribir es una actividad que está estrechamente ligada a tu estado de ánimo, a tus emociones. Si tu cabeza está echa un saco de anzuelos, será muy difícil que escribas.

Por supuesto, buena parte del éxito de un escritor profesional consiste en escribir más allá de su estado de ánimo, lo que implica asumir el control de sus emociones. ¿Se puede lograr? Sí, es algo que se aprende con la práctica. Lo importante es que entiendas que necesitas que tu cabeza y tu corazón estén conectados y en modo escritura para que el proceso fluya con naturalidad.

3.- La rutina (I). Este es requeteimportante. ¿Por qué? Porque el ser humano, no lo olvides, es un animal de costumbres. ¿Eso significa que deberías escribir siempre a la misma hora? En esencia, sí. Cuando desarrolles la habilidad y tengas el control de tu proceso creativo, lo harás a cualquier hora, pero primero tienes que establecer la rutina: hora, lugar, implementos y adicionales.

Necesitas descubrir cuál es tu mejor hora para escribir: ¿en la mañana o al final de la tarde? La única forma de establecerlo es probar y probar para saber en cuál te sientes más cómodo y, sobre todo, eres más productivo. También es conveniente determinar con antelación cuánto tiempo vas a destinar a escribir y haber diseñado un plan de qué quieres hacer. La clave está en el control.

4.- La rutina (II). Comienza con una rutina corta, de 15-20 minutos. Procura escribir tanto como puedas en ese lapso y luego párate y haz algo distinto: toma un café, juega con tu mascota, habla por teléfono, mira tus redes sociales, prepara algo ligero de comer. La idea es despejar la mente, que no se nuble, ni se bloquee. También puedes hacer unos ligeros ejercicios de estiramiento.

Luego puedes retomar otros 15-20 minutos y repetir esta rutina una o dos veces más, para completar una hora u hora y media de producción. Después, a medida que consolidas tu rutina y que desarrollas la habilidad de escribir, incrementas el tiempo. Eso sí, procura hacer una pausa activa al menos cada 45-50 minutos, como máximo: tu cuerpo y tu mente lo agradecerán.

5.- Los accesorios. Particularmente, no tengo ningún problema en que haya ruido en el ambiente en el que escribo. Puedo hacerlo con el televisor prendido o con algo de música (que varía según el estado de ánimo). Puede suceder, también, que elijo el silencio absoluto porque son momentos en los que la mente está extremadamente sensible y debo ayudarla para que se mantenga enfocada.

Así mismo, asegúrate de tener a mano una libreta para anotar ideas, un diccionario (que puede ser virtual) y algo de beber (puede ser agua, café o té, la que más te guste, o las combinas). Y esto es algo de lo que nadie te habla, pero es importante: utiliza ropa cómoda, que no te genere alguna distracción por el calor o el frío. Esto, aunque no lo creas, afecta tu disposición y tu ánimo.

Moraleja: no hay una sola fórmula. Cada uno debe diseñar e implementar la suya, que además debe ser flexible y fácil de adaptar si las condiciones cambian. Lo importante es que ese ambiente en el que te sientas a gusto y puedas ser creativo y productivo. Descubre cuál es el tuyo, fija una rutina que se acomode a tus necesidades y dale rienda suelta a ese buen escritor que hay dentro de ti.

CGCopywriter
Categorías
General

El tal ‘bloqueo mental’ es mentira: ¿cómo comenzar a escribir?

No porque se repita una y otra vez sin cesar, porque esté en la memoria de muchas personas, una mentira se convierte en verdad. Aunque esté muy arraigada en las creencias populares, aunque haya quienes crean que es una verdad sentada sobre piedra, en algún momento la mentira se cae por su propio peso y la verdad sale a flote. Y no creas que sucede solo en las películas y la ficción.

También, en la vida real. Por ejemplo, cuando alguien dice “estoy bloqueado y no puedo escribir”. Se antoja una sentencia, un argumento contundente, pero solo es una mentira. Que surge de los testimonios de algunos escritores y otros artistas famosos que, en algún período de su vida, se enfrentaron a esta eventualidad, pero que está lejos de ser una incapacidad para crear o producir.

En el fondo, lo que sucede es que muchas personas creen que escribir, pintar, cantar, cocinar o cualquier actividad que esté ligada a un proceso creativo depende de lo que llaman inspiración. El Diccionario de la Lengua Española (DLE) define este término, en su tercera acepción, como “El estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia”. Como ves, no es un don o algo así.

El premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, uno de los creativos más importantes de la historia, solía decir que sus geniales escritos eran “99 por ciento producto de la transpiración y el restante uno por ciento, de la inspiración”. Es decir, trabajo y más trabajo, investigación, además de conocimiento y sensibilidad. Por supuesto, un poco de magia, un 1 %, no está nada mal.

En 1981, cuando la Academia Sueca le otorgó el Nobel, los periodistas corrieron presurosos a Aracataca, en cercanías de la Sierra Nevada de Santa Marta, a entrevistar a Luisa Santiaga Márquez, la madre del escritor. El objetivo principal era que les contara detalles de la niñez de Gabo, de su crianza, de su juventud y, especialmente, que les revelara el gran secreto.

¿Cuál? La fuente de inspiración del genial escritor. Con el desparpajo habitual de la mujer costeña, les respondió: “¿Inspiración? Lo único que les puedo decir es que Gabo tiene muy buena memoria, porque todo lo que escribe alguien se lo contó”. ¡Plop! Por supuesto, fue una gran decepción para ellos, que no se percataron del detalle importante: antes que escritor, Gabo era un periodista.

La verdad, más que eso: un reportero nato de los de antes, un sabueso de la noticia. Un obsesivo investigador, detallista y paciente, y también un escritor creativo, con una imaginación increíble. Pero, no vayas a cometer otro error común: el de creer que Gabo, o cualquier otro genio de la literatura o el arte, poseía un don. Recuerda: “El 99 % es transpiración y el otro 1 %, inspiración”.

La verdadera magia de Gabo, su secreto, es que estaba muy bien informado. Cada vez que se sentaba frente a la máquina de escribir, en su época de periodista, o del computador, en la de escritor, la historia estaba completa en su cabeza. ¿Eso qué quiere decir? Que ya había procesado toda la información, que ya sabía por dónde comenzar, cómo seguir y adónde quería llegar.

Nada de improvisación, pura información. Uno por ciento de inspiración y 99 % de transpiración, de trabajo. Por supuesto, la imaginación, la creatividad, son parte muy importante del proceso, pero esas capacidades no son exclusivas de Gabo, de Miguel Ángel, de Pablo Picasso o, por ejemplo, de un compositor, de un deportista talentoso como Roger Federer o Tiger Woods.

CGCopywriter

Eso, por si todavía no te diste cuenta, es una excelente noticia. ¿Por qué? Porque tú, como cualquier otro ser humano, eres creativo, tienes imaginación. Además, si te interesa escribir, estás en capacidad de investigar, de recolectar buena información a través de diversas fuentes; eso también se aprende. Y, por si faltara algún ingrediente, puedes desarrollar esta habilidad.

Porque, en el fondo, escribir es eso: una habilidad. Que, para el caso, Gabo desarrolló, trabajó, pulió y perfeccionó hasta que se convirtió en un escritor superlativo, único. Y, créeme, tú también puedes hacerlo. Quizás no al nivel de Gabo o de algún otro artista reconocido, pero sí en la medida necesaria para escribir un libro. ¡Sí, un libro!, o cualquier otro texto que sea digno de leer.

Es justo decir, sin embargo, que todos los seres humanos estamos expuestos a un eventual bloqueo mental. Aunque hayamos desarrollado la habilidad, aunque tengamos el conocimiento, aunque poseamos la información necesaria, aunque transpiremos mucho en el proceso. Suele ocurrir, principalmente, cuando nos sentamos frente al computador y aún no estamos listos.

¿Eso qué quiere decir? Que no sabemos por dónde comenzar, o cuál será el final, o hay aspectos del texto (o de la historia) que no están definidos. En otros palabras, porque hay cabos sueltos. Y mientras no los ates todos, el bloqueo siempre será una posibilidad latente. Antes de sentarte a escribir, necesitas que todas las piezas del rompecabezas encajen, que no falte ninguna.

El proceso de escribir es, de muchas formas, algo muy parecido a cocinar. Si tienes a mano la receta, si cuentas con todos los ingredientes y sigues el paso a paso lo más probable es que prepares un platillo delicioso. Quizás no sea perfecto, pero podrá comerse sin riesgo de sufrir una indigestión. Quizás después de tres o cuatro intentos, o en el quinto, logras el punto ideal.

El tal bloqueo mental no es más que falta de información, falta de un plan definido, de una historia estructurada y consistente. El tal bloqueo mental no es más que el resultado de un proceso que fue acelerado, que se saltó algún paso. El tal bloqueo mental no es más que la muestra de que te sentaste frente al computador antes de haber armado por completo el rompecabezas.

No basta el conocimiento, no basta el talento, no basta invocar la inspiración: para evitar el tal bloqueo mental tienes que haber creado tu historia, tu relato, completamente en tu cabeza. El ciento por ciento: el 99,9 no sirve, porque en algún momento esa pequeña duda provocará que tu mente quede en blanco. Por supuesto, eso es algo que también se aprende con la práctica.

Puedes comenzar elaborando una lista detallada del paso a paso, como una receta. Estableces la idea de partida y luego, una tras otra, las ideas complementarias que te permiten desarrollar la historia o el relato. Y también el final. No necesitas que esa lista tenga 10 o 100 pasos: con tres o cinco, al comienzo, mientras aprendes e incorporas el hábito, mientras educas tu mente, bastará.

Y, por favor, ni se te ocurra comenzar a escribir pensando en que vas a producir una gran novela, un libro que te signifique un premio. Ve paso a paso, de lo pequeño a lo grande, de lo simple a lo más complejo, de lo que dominas absolutamente a lo que te exige un trabajo de investigación. Eso sí, antes de sentarte a escribir debes haber diseñado el camino que vas a seguir, tu receta.

Por último, no olvides que el hábito hace al monje. Es decir, si solo escribes una vez a la semana o al mes, quizás nunca desarrolles la habilidad o tardes mucho tiempo en alcanzar el objetivo que persigues. Escribe cada día, aunque sea un poco, unos cuantos párrafos, y antes de que te des cuenta se convertirá en una rutina, perderás el miedo y le dirás adiós al tal bloqueo mental.

CGCopywriter
Categorías
General

Las ‘excusas fáciles’ que te impiden escribir y cómo superarlas

Una de las principales razones por las cuales una persona quiere comenzar a escribir, pero no lo hace, es porque se escuda en lo que llamo el arsenal de excusas fáciles. ¿Sabes a qué me refiero? “Ay, es que ahora no tengo tiempo”, “Ay, es que tengo mucho trabajo”, “Ay, es que ya lo intenté y descubrí que escribir no es lo mío”, “Ay, es que nunca me gusta lo que escribo, es horrible”

¿Las escuchaste alguna vez? ¿Las utilizaste alguna vez? Seguro que sí, en ambos casos. Es producto de ese síndrome de declarase derrotado inclusive antes de haber comenzado, un atajo directo a la zona de confort. Porque las excusas fáciles comienzan justo cuando esa persona se da cuenta de que escribir requiere tiempo, trabajo, dedicación, disciplina, constancia y, sobre todo, un método.

Mi amigo y mentor Álvaro Mendoza utiliza con frecuencia una frase que me gusta mucho: “Roma no se construyó en un día”. Un buen escritor tampoco se hace de la noche a la mañana, de un día para otro. Es un proceso. Y puede ser un largo proceso, de hecho, dependiendo de cuáles sean tus objetivos. Eso, sin embargo, no puede constituirse en un obstáculo para comenzar a escribir.

Por allá en 1987, cuando comencé mi carrera periodística como redactor de Aló, la primera revista nacional de farándula y espectáculo en Colombia, creía que tenía todo para ser exitoso. De hecho, pronto recibí cálidos elogios que reforzaron esa creencia. Hoy, sin embargo, cuando me atrevo a releer esos artículos siento un poco vergüenza y me doy cuenta de cuánto necesitaba aprender.

Por fortuna, he aprendido. Tuve grandes maestros que me lo enseñaron todo, que me compartieron sus secretos, que me criticaron con dureza, pero con honestidad. Por fortuna, sigo aprendiendo, porque hace mucho entendí que este proceso, como la vida misma, nunca termina. Siempre puedes mejorar, siempre puedes explorar nuevos terrenos, siempre puedes corregir.

Que, por supuesto, de ninguna manera significa caer en manos de la obsesión por la perfección, que es otra de las excusas fáciles. Y es un obstáculo muy fácil de derrumbar: nadie, absolutamente nadie, ni siquiera un autor laureado con el premio Nobel, alcanza la perfección. Y a mi juicio esa es una buena noticia, porque significa que no hay un techo, que cada día se puede aprender y mejorar.

La primera cualidad que debe poseer un aspirante a escritor (sin pensar en que sea una profesión) es curiosidad. ¿Y sabes cuál es la buena noticia? Todos, absolutamente todos los seres humanos somos curiosos. El problema es que muchos ponen en segundo plano esa cualidad a medida que crecen. Solo se duerme, hiberna, pero siempre está ahí, lista para cuando quieras utilizarla.

Y la curiosidad implica un irreprimible deseo de descubrir, de probar, de conseguirlo y, además, la férrea voluntad de hacerlo a pesar de los miedos. Que siempre están ahí, pero que no pueden controlarte si tú lo impides. Solo se requiere empezar sin más expectativas que disfrutarlo e ir paso a paso. El aprendizaje vendrá del hábito y de la retroalimentación de tus lectores.

Perder el miedo, o por lo menos aprender a gestionarlo para que no te impida comenzar, significa aceptar que quizás no lo vas a hacer también como esperas. En otras palabras, que vas a escribir mal. Y está bien: así funciona. Pero, no solo para la escritura, sino para cualquier actividad de la vida: al mejor chef se le ahumó el arroz, o se le quemó un huevo. Así es como funciona el proceso.

CGCopywriter

Para aprender, primero debes errar. Lo importante, en todo caso, es que descubras el aprendizaje que hay detrás de cada error y lo aproveches para hacerte más fuerte y avanzar. Si aprendes, esa equivocación desaparecerá pronto como por arte de magia y te darás cuenta de que cada vez lo haces mejor, tus lectores notarán la diferencia y te lo harán saber. ¡Ese es el proceso!

Ahora, permíteme que te haga una pregunta: ¿cuál fue la última vez que pensaste que no podías hacer algo y después, cuando te despojaste de los miedos y de las creencias limitantes, lo lograste? Esa, amigo mío, es la actitud que requieres para que comenzar a escribir deje de ser uno de tantos propósitos de Año Nuevo que nunca se cumple, para que sea un sueño hecho realidad.

Comienza por el principio. Ese es, sin duda, el consejo más sabio y más poderoso que puedo darte. ¿Y cuál es el principio? Lo fácil, lo sencillo, lo que ya dominas. Si lo que quieres es que tu primera producción escrita sea una obra que te haga famoso, millonario y por la cual te otorguen el Nobel, estás equivocado. Ni siquiera pienses en publicar o en que otros lean: ¡escribe primero para ti!

La escritura, lo diré y lo escribiré muchas veces, es una habilidad y un hábito. En cuanto habilidad, cualquiera la puede desarrollar. Cualquiera, tú la puedes desarrollar. Puedes hacerlo por tu cuenta, de manera autodidacta, o puedes apoyarte en alguien que posea el conocimiento, la experiencia y la capacidad para guiarte en el camino. Me encantaría, claro, si me eliges a mí.

En cuanto hábito, se trata de crear un método que se ajuste a tu medida, a tus condiciones, a tu experiencia, a tus necesidades y posibilidades. Y repetirlo una y otra vez, cada día, al menos por 10 minutos. Comienza por un párrafo, por media página, por una página, por un capítulo. Eso sí, por favor, no cometas el error de copiar al pie de la letra el método de otro y creer que te funcionará.

Escribir es un acto creativo y, por lo tanto, es algo único. Necesitas descubrir el tuyo, crear el tuyo, pero eso solo ocurrirá si comienzas, si perseveras. Puedo compartir contigo mi método, enseñártelo paso a paso, y darte también mis recursos y herramientas, pero eso no te hará un escrito y quizás tampoco te ayude a comenzar. Repito: necesitas descubrir el tuyo, crear el tuyo.

Por último, una realidad que a muchos no les agrada: cada día que pasa sin que comiences, sin que escribas, es un día perdido que jamás recuperarás. El día para comenzar es hoy, solo hoy. No permitas que las excusas fáciles sigan impidiendo que el mundo descubra y disfrute ese buen escritor que hay en ti. Tan pronto establezcas el hábito, verás como la habilidad innata aflora.

Algo que no puedo entender y que me cuesta mucho trabajo aceptar es que haya personas que se nieguen la posibilidad de escribir escudadas en las excusas fáciles. La vida pone a disposición de todos, de cualquiera, lo que necesitamos para ser felices, para conseguir lo que deseamos. Al final, sin embargo, cada uno elige lo que quiere, inclusive en contra de sus propios sueños y posibilidades.

Escribir es un acto autónomo, una declaración de libertad, un privilegio exclusivo de los seres humanos. No es un don, no es un talento escaso, no es una cualidad reservada para unos pocos: es un hábito y si tú tienes la capacidad para incorporarlo a tu vida te aseguro que lo vas a disfrutar. No te escudes en las excusas fáciles: si nunca lo hiciste, ¿por qué no pruebas hoy? ¡Inténtalo!

CGCopywriter