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El problema no es no atraer la atención, sino no poder conversar

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Nos dijeron mentiras, nos confundieron y nos tragamos el bulo completo. ¿Sabes a qué me refiero? Desde hace algunos años, en el mercado del marketing hizo carrera una premisa: la prioridad es atraer la atención de los prospectos. “Sí no consigues atraparlo en los primeros 3 segundos, ¡lo perderás!”, sentencian los gurús. Y comenzó la nueva carrera de la rata

Todos, sin excepción, desbocados, obsesionados por atraer la atención de esos clientes potenciales. Una carrera loca en la que tus vulnerabilidades quedan expuestas. Una carrera loca en la que el riesgo de caer en las garras de los vendehúmo es grandísimo. Una carrera loca que te obliga a asumir una cantidad de tareas que, al final, agotan toda tu energía.

Y no solo eso: también nublan tu mente y, muchas veces, provocan que tus recursos se esfumen como por arte de magia. Que necesitas tomar este curso y otro más. Que debes tener esta aplicación y otras más. Que requieres publicar a esta hora y nada más. Que tus contenidos deben seguir tal o cual estructura y los textos deben ceñirse a unas palabras…

La nueva carrera de la rata. Por muy disciplinado que seas, por mucho esfuerzo que hagas, por más que seas creativo, al final no llegas a ningún lado. De eso, justamente, se trata esa carrera loca. Que te la pintan como un rápido esprint de 100 metros y, en la práctica, te das cuenta de que es una ultramaratón que no termina. Tus fuerzas se minan poco a poco…

El problema, ¿sabes cuál es el problema? Que cuando te involucras en esta nueva carrera de la rata lo que obtienes, si al final obtienes algo, es contrario a lo que esperabas. En otras palabras, si tu intención era llamar la atención del mercado, atraer a tus clientes potenciales, los ahuyentarás. Te percibirán como otro vendehúmo, uno más, y se alejarán de ti.

La realidad es que la cacareada batalla por la atención no es algo nuevo. No es, tampoco, un producto del ecosistema digital. Piensa, por ejemplo, cuando eras niño y tus padres intentaban conseguir que atendieras sus órdenes o sugerencias. Sin embargo, casi nunca lo conseguían porque tu estabas imbuido en tus cosas, hasta que alguno levantaba la voz…

O recuerda cuánto le costaba a tu profesor en el colegio lograr que todos en el salón de clase se enfocaran en lo que enseñaba. Siempre había algunos que estaban divagando, como en otro planeta. Que, de acuerdo con la experta Gloria Mark, doctora en filosofía y autora del libro Attention Span (Capacidad de atención), es parte de la naturaleza del ser humano.

La tecnología se diseñó para potenciar nuestras capacidades y ayudarnos a ser más productivos, pero también nos distrae y nos agota en su uso diario”, asegura. Todos lo sentimos: el agotamiento, la fatiga por las videollamadas, las notificaciones constantes y la dificultad para mantener la atención”, agrega. ¿Lo ves? Es la nueva carrera de la rata.

Sin embargo, para Mark el panorama no es desalentador. ¿Por qué? Puede que sintamos que estamos perdiendo la capacidad de concentración por completo, pero hay buenas noticias. Nuestra capacidad de concentración no se ha perdido, simplemente está cambiando la forma en que nos concentramos. Es decir, vivimos distraídos, con la cabeza en todo y en nada.

¿Hay solución posible? Según Mark, sí. Podemos aprender a adaptarnos a nuestros propios ritmos de atención. ¿Cómo? Encontrar la concentración, combatir las distracciones y, en última instancia, sentirnos más equilibrados y menos estresados ​​en nuestro día a día”. Para la experta, el uso de los dispositivos digitales y nuestro bienestar no son incompatibles. ¡Genial!

El problema, ¿sabes cuál es el otro problema? Que nos mintieron, nos confundieron y nos tragamos el bulo completo. ¿Cuál? Que lo imprescindible es capturar la atención de tu cliente potencial, que con eso basta. Sin embargo, la realidad nos demuestra que no es así, que la mayoría de los internautas son lo que en Colombia llamamos la familia Miranda.

¿Sabes cuál es? La que se pasea por tiendas y centros comerciales, entra a muchos locales, mira, pregunta, se prueba y… al final no compra. Igual sucede en internet. Quizás porque está aburrida, la gente navega, pica aquí y allá, se detiene en algún contenido que llama su atención (la atrae, pero no la captura) y después de darle una mirada sigue su paseo digital.

Atraer la atención es tan solo abrir la puerta. Como cuando llegas a la casa del vecino para conversar algunos temas que a ambos les incumben. Dado que es una charla informal, no te invita a pasar a la sala, no te da de comer, no se genera ningún lazo comprometedor. Lo mismo sucede en internet: que alguien se haya fijado en tu contenido no significa nada. ¡Ups!

Es triste reconocerlo, pero esa es la verdad. De hecho, seguro has caído en la trampa, atraer la atención no es muy difícil. Inclusive, suele ser demasiado fácil: esa es la razón por la cual hay tantos vendehúmo, tanto contenido basura. Lo que huele a escándalo, a chisme, a burla, a ridículo; lo que genera la idea de juzgar y condenar a otros nos llama la atención a todos.

Son los bajos instintos por los que, muchas veces, nos dejamos guiar. Nos atrapan y hacen que mostremos nuestra peor faceta, esa que procuramos mantener bajo llave para que nadie se dé cuenta de que existe. Y nos hace tropezar, porque tras ellos están las siempre traviesas, traicioneras y caprichosas emociones. Que, luego de que caes, pasan por encima de ti…

En medio del frenesí, de la histeria del bombardeo al que nos someten cada día tanto en los canales digitales como fuera de internet, atraer la atención se convirtió en una tarea compleja. Compleja, sí, pero no imposible. De hecho, repito, llegar al destino es sencillo si recurres a la tácticas aceptadas: vulgaridad, grosería, insultos, linchamientos mediáticos…

Este video es un resumen del artículo y fue generado con inteligencia artificial.

Allá tú si esa es tu elección. ¿Por qué? Porque tarde o temprano vas a aprender, a las malas, que recibes lo que das. O, en otras palabras, te van a dar una dosis de tu propia medicina. Recibirás odio, insultos, desprecios, todo aquello que las especies tóxicas destilan. Allá tú. Porque caer en esa trampa no es la solución al problema de ser invisible, de no conseguir atraer la atención.

¿Entonces? Como lo mencioné antes, el mercado ha cambiado. Y tristemente no lo ha hecho para bien. Más bien, se ha degradado. El contenido no solo es cada vez más la repetición de la repetidera, vulgar copy + paste, sino que también es más agresivo. Es la razón por la cual ya son pocas las personas que se atreven a compartir en redes sociales, en los canales digitales.

¿El resultado? El más visible, el más popular, la pérdida de atención. Sin embargo, estoy convencido de que el origen del problema es distinto. ¿Eso qué quiere decir? No en el producto final, sino en el proceso. En lo que se hace durante el proceso. Es decir, la perdida de la atención es la manifestación de otros males que, irónicamente, todos están relacionados con el creador del contenido.

De hecho, dependen de él. Y lo digo no solo con la autoridad que me confiere compartir contenidos en canales digitales desde el año 1997, sino como periodista que comenzó su trayectoria por allá en 1987, cuando internet no existía. No es un problema nuevo, está claro, solo que, al igual que otros tantos casos, en los canales digitales se amplifica, se multiplica a niveles insospechados.

Lo primero es que hay una considerable caída de la profundidad. No solo entendida como ir al fondo del asunto del que se trata el contenido, sino también como falta de contexto. Cuando un contenido es superficial, por lo general se recurre al escándalo, al dato distorsionado, al morbo. No se aportan argumentos reales, creíbles y comprobables que permitan entender el hecho.

Aunque el tema sea sencillo, sin contexto es imposible explicarlo, analizarlo, comprenderlo. Ni qué decir con los temas complejos. Todo se banaliza, todo normaliza. El único objetivo que se persigue es la viralidad, el cáncer de los contenidos dentro y fuera de internet. Hacer ruido porque, si no, es imposible competir en esa jungla infestada por tantas y tan diversas especies tóxicas.

Asimismo, está la caída del pensamiento crítico. Nada se cuestiona, no se piensa antes de actuar. Solo se reacciona de manera emocional, por instinto. Lo peor, ¿sabes qué es lo peor? Que esas reacciones, por lo general, se dan a contenidos falsos, vulgares mentiras que cumplieron con su cometido de pescar incautos. El clic fácil, rápido, bloquea el pensamiento crítico.

Otra manifestación de este problema es que se asume que todo, absolutamente todo lo que circula en canales digitales, es cierto. Si bien no hay un dato preciso, los analistas consideran que más de la mitad riñe con la verdad, con la realidad. Según MTIxScience, las fake-news se comparten un 70 % más rápido que contenidos reales, porque la mentira no requiere ser creíble.

Comenzamos por el odioso y popular copy + paste. Luego, se pasó a lo que los medios llamaron la curación de contenidos, que era otra vulgar modalidad de copia, solo que se tenía la mínima decencia de nombrar la fuente primaria, en la mayoría de los casos. Hasta que llegamos a este escenario que no sabemos a dónde nos va a llevar: la era de la inteligencia artificial.

Una maravillosa y poderosa herramienta que ha caído en manos equivocadas, las de los impostores. La mayoría de quienes usa la IA lo hacen para falsear contenidos, crear memes y bulos o, simplemente, publicar mentiras. Es la caída de los autores reales, leales, honestos, los que estamos en capacidad de aportar valor, de enseñar, de ser fuente de transformación.

Es, entonces, cuando se llega al punto que, a mi juicio, es el más importante. ¿Sabes cuál es? La pérdida de la conversación. Es imposible conversar en redes sociales, en canales digitales. Si te atreves a expresar tu opinión, te sometes a una lluvia de insultos y amenazas, a la descalificación. No importa si es de política, deporte, religión, cocina, mascotas… ¡No puedes conversar!

Es insólito y contradictorio: las redes sociales son lo más antisocial que existe. Fueron pensadas y creadas para conversar, para compartir, pero es imposible conversar y la casi todo lo que compartes se vuelve en tu contra. Lo peor, ¿sabes qué es lo peor? Que, si bien no todos somos culpables, todos somos responsables. Por acción (copiar, replicar fake-news) o por omisión…

Caímos en la trampa de confundir atención con valor. Nos concentramos en el factor equivocado y nos preocupamos no por producir un impacto positivo, sino por generar likes y ser referentes. No sé tú, pero estoy convencido de que este no es el camino: se trata de un peligroso atajo. ¿Cómo evitarlo? Tomando acción. Ir contra la corriente, rebelarte, negarte a ser más de lo mismo.

“Los buenos somos más, pero los malos hacen más ruido”, dijo Facundo Cabral con su sabiduría popular infinita. Cuantas más personas de bien, cuantos más creadores genuinos compartan sus contenidos en los canales digitales, menos espacio habrá para lo tóxico. Dicho de otra manera, o decides ser parte de la solución, y actúas, o te resignas a ser parte del problema

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3 contenidos para generar impacto positivo, ¡sin clichés, sin humo!

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¿Lo mejor de los canales digitales? Les dieron voz a quienes en el mundo de los medios convencionales no eran escuchados. Los visibilizó y nos permitió conocer historias maravillosas que, de otra forma, quizás se hubieran perdido en el olvido. ¿Lo peor de los canales digitales? Les dieron voz a quienes solo aprovechan para destilar sus bajos instintos.

Una salvedad pertinente: lo negativo, lo tóxico, no son los canales digitales. Se trata de herramientas poderosas que están diseñadas para servirnos, para hacer que nuestra vida, en sus diversas facetas, sea más fácil y productiva. Recursos poderosos útiles para todos, para cualquiera. El problema es el uso que les damos, los contenidos que compartimos.

El italiano Umberto Eco, novelista, filósofo y semiólogo fallecido en 2016, dijo: Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

Fue con ocasión de una entrevista con el diario Stampa, uno de los más importantes de su país. En otra oportunidad, en conversación con el diario ABC español, aseguró: “La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad.

El problema, según Eco, se resume así: Con internet, te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio”.

En una sola palabra, es lo que conocemos como infoxicación. Que a todos nos afecta, de la que todos, en mayor o menor medida, somos responsables. Bien sea porque compartimos contenidos falsos, inconscientes de las eventuales consecuencias. Bien sea, quizás, porque replicamos contenidos tóxicos sin verificar las fuentes y contribuimos a propagar el ruido.

Que levante la mano aquel que esté libre de pecado. Hasta el presidente estadounidense Donald Trump cayó en la trampa y compartió contenidos falsos. Eco, sin duda, tenía razón. Hoy, los canales digitales están llenos de especies tóxicas, de esas que llaman influenciadores, dedicadas a contaminar de múltiples formas. Lo peor es que son prácticamente inevitables.

¿Por qué? Porque lo más tóxico que hay en el ecosistema de los canales digitales es, quién lo creyera, el bendito algoritmo. Que no distingue entre contenidos inocentes y dañinos, entre verdad y falsedad, entre persuasión y manipulación. Solo persigue lo viral para impulsarlo, para potenciar su visibilidad. Y su daño, también. De manera irónica, el algoritmo es ‘el’ enemigo.

No solo de tus publicaciones, sino de las propias redes sociales. Es la principal fuente de contaminación, de propagación de contenidos tóxicos y, por ende, responsable de que este ecosistema ya no sea lo que fue antes. Porque, quizás lo recuerdes, hubo un antes en el que las redes sociales, internet en general, eran agradables. Hoy, ese recuerdo es solo una quimera.

Por fortuna, como lo he mencionado en publicaciones anteriores, esta no es una batalla perdida. No mientras haya una persona, tan solo una, que comparta contenido de valor, cuyas publicaciones brillen por su calidad e impacto, no por el ruido que generan. Y apuesto porque tú, que consumes mis contenidos, prefieres ser parte de la solución, dejar atrás el problema.

Créeme que como creador de contenido de valor le he dado muchas vueltas al asunto. No me resigno a ceder el pequeño espacio que he conquistado para que un influenciador tóxico o un vendehúmo se adueñen de él. Mientras haya vida y salud, continuaré en esta lucha por ofrecer valor, por ayudar y servir a través de los dones y talentos recibidos, de conocimiento adquirido.

Para evitar que tu contenido se pierda de inmediato, atrapado en las garras de las especies tóxicas, debe cumplir dos condiciones. ¿Imaginas cuáles son? La primera, la autenticidad; la segunda, el enfoque. Lo demás, todo lo demás, como el formato, la extensión o el canal, es secundario, en especial en esta era de impostores, de IA generativa de modelos cliché.

El contenido auténtico es aquel que está relacionado directamente con tu esencia. ¿Sabes cuál es? Tus principios y valores, tus creencias, tu conocimiento y tus experiencias, tus sueños. También, tus miedos, tus frustraciones, tus errores, tus limitaciones. ¡Tu esencia! Lo que eres, incluido lo positivo y lo negativo. En otras palabras, lo que te hace ÚNICO y ESPECIAL.

Que, por supuesto, no significa ser monedita de oro y caerle bien a todo el mundo. Tampoco es no recibir críticas o no equivocarte. Esta, la otra cara de la moneda, es parte de la vida en todos los ámbitos. Es el contenido que te identifica, que refleja lo que eres, que con solo tu particular estilo (voz, tono) adquiere sentido. El contenido que produce un impacto positivo en otros.

Moraleja

Este es el contenido de valor que quiero que grabes en tu mente (posa el 'mouse' para continuar)
No está perdida la batalla contra la infoxicación en los canales digitales. ¿El antídoto? Contenido sin clichés, sin humo. Estas tres alternativas te servirán para producir un impacto positivo.

Otra premisa es aceptar la aventura de ir contra la corriente. Es decir, dejar de ser más de lo mismo, dejar de copiar prompts perfectos que no funcionan, dejar de aplicar fórmulas y libretos que no dan resultado. O que dejaron de ser efectivos porque todo el mundo los usa, porque fueron prostituidos. Ir contra la corriente refuerza la autenticidad de tus contenidos.

El segundo aspecto es el enfoque. Lo que el mercado pide a gritos es una mirada distinta, ¡ya no más clichés! Ni los de humanos ni los generados por la inteligencia artificial. ¡No más clichés! Una mirada distinta significa ir un poco más allá de lo que se ve a simple vista, un poco más profundo. Hacerte preguntas distintas, incómodas, y atreverte a compartir las respuestas.

Ir contra la corriente, no lo olvides. Algunas opciones son las siguientes:

1.– Rompe mitos.
Todas las actividades de la vida, sin excepción, involucran verdades a medias o mentiras que hicieron carrera de tantas veces que fueron repetidas. “Todos los hombres son infieles”, “los árabes son terroristas”, “los blancos son más inteligentes” y otras por el estilo. Versiones populares que comenzaron a volar en los canales digitales y adquirieron inusitada fuerza.

¿A qué te dedicas? ¿Eres nutricionista? ¿Un abogado? ¿Un contador? ¿Un sicólogo? ¿Un comunicador? ¿Un ama de casa? Estas actividades, como cualquier otra, están llenas de mitos, de falsedades, de verdades a medias. Elige una opción, solo una, y expresa por qué es un mito, por qué no es cierto. Ofrece argumentos sólidos, comprobables, no solo tu opinión.

Un ejemplo: “El fútbol es un deporte de hombres” fue una visión de la versión que se creyó durante muchos años. Hoy, el fútbol femenino no solo es una realidad, sino que también es el escenario en el que millones de mujeres de todo el mundo cumplen sus sueños y son felices. Y también un espacio de comunicación en el que muchas mujeres pueden expresarse.

2.– Brinda autoridad.
Ten cuidado, porque hay una delgada línea que, si la cruzas, caes en las arenas movedizas de los vendehúmo. Ten en cuenta, además, que no hay verdades absolutas: todo es relativo, está determinado por el cristal a través del cual lo vemos. Entonces, olvídate de las patéticas sentencias contundentes, de las fórmulas infalibles, de las soluciones perfectas.

¿De qué se trata, entonces, la autoridad? De que compartas lo que sabes, lo que has aprendido y, en especial, lo que has vivido, de manera auténtica. Y no solo eso: sobre todo, transparente. Sin filtros, sin omitir lo que te produce vergüenza, sin exagerar o distorsionar tus acciones. La autoridad es revelar algo que te sucedió y compartir lo que aprendiste y puede ayudar a otros.

Un ejemplo: relata algún episodio bochornoso que hayas protagonizado durante tu visita (de vacaciones o trabajo) a una ciudad o un país distinto al tuyo. ¿Qué hiciste mal? ¿Cuál fue el impacto que generaste? ¿Qué consecuencias tuvo ese hecho? ¿Qué aprendiste? Todos, sin excepción, estamos expuestos a algo parecido, así que tu experiencia puede ser útil.

3.– Educa a tu audiencia.
Sí, es cierto que cada vez menos personas quieren aprender (solo buscan resultados). Sin embargo, no olvides que el mayor impacto positivo que puedes provocar en la vida de otros es lo que les enseñas. Piensa en lo que tus padres te enseñaron y hoy, pasado el tiempo, no solo agradeces, sino que concibes también como pilares de lo que eres como ser humano.

El contenido de valor educativo no solo no pasa de moda, sino que, además, si es auténtico, jamás pierde valor. En especial en estos tiempos cambiantes, en los que la vida evoluciona a un ritmo frenético, vivimos en modo aprendizaje. Nunca dejamos de aprender y, entonces, valoramos lo que nos acorte la curva de aprendizaje y nos dé resultados efectivos.

Un ejemplo: si eres padre con hijos adolescentes, revela una acción sencilla que te ayuda a hacer que entren en razón cuando asoman los berrinches. ¿Qué frases usas? ¿Cuál es el tono que empleas? ¿Por qué hace la diferencia? ¿Que otras acciones no dieron resultado? Estoy seguro de que habrá padres que agradecerán tus consejos, si a ellos también les funcionan.

Lo mejor de los canales digitales es que nos permiten a las personas de bien compartir lo que somos y lo que hacemos. Ayudar a otros, quizás lo sabes, proporciona recompensas cuyo valor es incalculable. Créeme: la batalla no está perdida. No, mientras personas como tú y como yo no renunciemos a utilizar los canales digitales y sus herramientas contra la corriente.

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El (necesario) cambio de estrategia para evitar ser invisible

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Mea culpa: ¡yo también caí en la trampa! Como prácticamente todos, empresas, negocios, emprendedores y profesionales independientes. Yo también caí en la trampa del espiral de la publicación recurrente de contenido en canales digitales. Trabajé con pasión, con devoción, con profesionalismo y con ilusión, hasta que me canse de ver que los resultados eran nulos.

Una precisión pertinente: cuando comencé a publicar regularmente, no tenía el objetivo de convertirme en un influenciador famoso y multimillonario. Para alcanzar esos logros hay que traspasar líneas que no estoy dispuesto a pasar, tanto en lo relacionado con la calidad como con la ética. No soy un payaso digital, como muchos, ni un vendehúmo, como tantos otros.

Mi intención era (y sigue siendo) la de compartir valor. Estoy en una etapa en la que, si bien no dejo de aprender, el propósito que me guía es compartir con otros lo que la vida me dio el privilegio de recibir. Conocimiento, experiencias, errores, principios, valores… Mi gran tesoro. Que solo tiene sentido en la medida en que lo traspase a otros para que se multiplique.

No puedo quejarme, porque la respuesta que recibí fue positiva. Es decir, la audiencia a la que me dirijo, de la cual tú haces parte, acogió mis contenidos de buena manera. No solo con gratitud, sino también con disposición para aprender y compartir. No me volví famoso y tampoco soy multimillonario, pero esa no fue la razón por la cual tuve que hacer un pare.

¿Entonces? Honestamente, me agoté. Aunque escribir contenidos es algo de lo que más disfruto en la vida, a veces te sientes cansado. Más en un escenario como el de los canales digitales que cambia constantemente, que limita el tráfico orgánico, que te obliga a competir con toneladas de contenido basura y de publicidad invasiva, abusiva y agresiva.

Aparte, estaba el hecho de luchar contra la corriente. ¿Sabes a qué me refiero? A lidiar con el caprichoso algoritmo. Que, seguro lo sabes, una vez aprendes a aprovecharlo, cambia y toca comenzar de nuevo, desde cero. Con un agravante: ahora, como una especie de venganza de la naturaleza, el algoritmo sufre los rigores de una influencia determinante. ¿Sabes cuál es?

La inteligencia artificial, que enterró el patético SEO y modificó la forma en que buscamos en los canales digitales. Lo más importante, sin embargo, es que también cambió la forme en que los navegadores nos encuentran en internet. Entonces, ya no se trata de pelear contra los caprichos del algoritmo, sino también contra la nueva dictadura: la inteligencia artificial.

Es nadar contra la corriente con el mar crecido: avanzar es casi imposible. Y, además, para moverte debes realizar el doble del esfuerzo necesario. ¡Es desgastante, desestimulante! Pero no termina ahí: también es injusto porque no se distingue el contenido de valor del que es simplemente basura; no distingue, tampoco, entre el contenido real y la copia de la copia.

En cambio, se premia lo vulgar, lo polémico, lo grotesco; se lo destaca hasta convertirlo en viral, mientras que el contenido de valor es castigado de múltiples formas (en todas las plataformas digitales). Probablemente esta es la razón por la cual tantas marcas (empresas y personas) que están en capacidad de compartir contenido de valor eligen irse por el atajo.

Esa, no sobra aclararlo, no es una opción para mí. Prefiero ser invisible, prefiero que mi alcance orgánico sea precario y mantenerme fiel a mis principios y valores. Personales y profesionales. El de traicionarme es un camino que no tomaré: elijo seguir en la batalla. Busco alternativas, intento nuevas fórmulas y, algo importante: procuro corregir las equivocaciones.

¿Por ejemplo? Asumir que las audiencias buscan aprender o, dicho de otra forma, educarse. Así fue hasta hace unos años: las personas estaban dispuestas a pagar a los profesionales en internet a cambio del conocimiento requerido para crecer. Como personas y profesionales. Había un interés genuino por aprovechar la oportunidad que brindaba el mercado.

Sin embargo, como el algoritmo, como las condiciones de visibilidad a partir de la irrupción de la inteligencia artificial, el interés del mercado también cambió. Quizás tú, que consumes este contenido, cambiaste y no te has dado cuenta. ¿Cómo? La gente ya no quiere aprender. Lo que la mueve, lo que le interesa, es producir resultados, conseguir resultados satisfactorios.

Ah, y tan rápidos y efectivos como sea posible. Por eso, aunque hagas tu mejor esfuerzo, aunque tu producto o servicio sea excelente, aunque estés en capacidad de producir resultados satisfactorios a mediano o largo plazo, ya nadie quiere aprender. Es decir, las personas quieren evitarse el proceso, el tiempo y el esfuerzo que este implica e incorpora.

Entonces, no tiene sentido desgastarse en la tarea de intentar enseñar. Y para que no sea una frustración, recuerdo algo que aprendí hace muchos años con un entrenador de fútbol: “no puedes enseñarle nada a alguien que no está dispuesto a aprender”. En pocas palabras, eso significa que es necesario cambiar la vieja estrategia de enseñar por la de transformar.

Moraleja

Este es el mensaje que quiero que grabes en tu mente (posa el 'mouse' para seguir)
Competir con toneladas de contenido basura y de publicidad invasiva, abusiva y agresiva es desgastante, desestimulante. Sin embargo, siempre hay un camino para aportarles valor a otros, para ayudarlos a transformar su vida.

Más allá de los caprichos del algoritmo y de la tiranía de la IA en las búsquedas (un fenómeno que quizás más adelante sea positivo), hay que cambiar la mentalidad. Los contenidos, aun los de calidad, los que aportan valor, son invisibles porque nadie ve en ellos lo que está buscando. ¿Entiendes? No aprendizaje, no conocimiento, no fórmulas, sino resultados, transformación.

Es romper un paradigma y proporcionales a las personas lo que realmente quieren, necesitan y están dispuestas a consumir (es decir, a pagar por ello). Te confieso que no fue fácil aceptar esta situación y entender que debía cambiar el modus operandi de mi trabajo para cumplir con el propósito de servirte y ayudarte. El fruto de esa reflexión es este contenido que te comparto.

El contexto: los hechos sufridos durante la pandemia provocada por el COVID-19 y otros sucesos más nos han demostrado que somos vulnerables. Más que en lo físico o en lo material, en lo mental. Somos conscientes de que, como dice Juanes, “la vida es un ratico”. Y no solo eso: en virtud de la vulnerabilidad, estamos expuestos a llegar pronto al final del viaje.

Ya sabemos que nuestro tiempo es limitado y, quizás por eso, la idea del proceso no nos cae bien. La premisa es evitarlo, pero obtener los mismos resultados esperados, requeridos. Esto nos obliga a los creadores de contenido a cambiar el modo en que realizamos nuestro trabajo para que sea visible, para que no se pierda entre la pornobasura que abunda dentro y fuera de internet.

Además, estamos expuestos al bombardeo mediático que nos roba la atención. Esas son las razones por las cuales cuesta tanto conectar con las emociones de otros. Es también el motivo por el que los creadores de contenido tenemos que cambiar la forma en que producimos. La realidad es que lo que antes funcionaba de maravilla hoy, tristemente, pasa inadvertido.

Y, por supuesto, no tiene sentido ir contra la corriente. El camino al éxito está sembrado de pequeñas semillas de humildad. Si en realidad tu intención es servir y ayudar a otros, aprovechar el tesoro de los dones y talentos que te regaló la vida, te invito a que pruebes la siguiente estructura (no es un libreto, no es una fórmula) que a mí me ha dado resultados.

1.– Directo al grano: qué resultado obtuviste
Nada de rodeos, nada de expectativas falsas, nada de adivinanzas… Recuerda que el único objetivo, en esos primeros segundos, es capturar la atención de quien ve tu contenido. ¿La clave? No te limites a soltar un dato en procura del escándalo: cuenta cómo lo viviste, sé auténtico y revela tus emociones, así como la encrucijada a la que te enfrentaste

2.– Humano conecta con humano
No caigas en el error de permitir que la inteligencia artificial (cualquier herramienta) hago algo que tú haces mejor. Desvela tus sentimientos, tus sensaciones, tus miedos, y verás cómo la respuesta es positiva. Olvídate de las frases cliché, de los prompts perfectos y deja que salga de ti, de tu corazón, ese mensaje poderoso que mueve las fibras de otras personas

3.– Sé preciso al hablar del resultado
Utiliza números concretos y, sobre todo, reales, ¡creíbles! Algunas personas pueden ser ingenuas, pero no son tontas. Recuerda que el peor error que puedes cometer es prometer lo que no vas a cumplir, o lo que no sabes si dará resultados. Significa no generar expectativas irreales que destruyan tu credibilidad y provoquen el efecto contrario al que esperas

4.– Habla en primera persona
Una vez logras conectar con esa persona a la que puedes ayudar, que requiere lo que tú ofreces, ¡no la dejes escapar! Ábrele tu corazón de par en par, sin límites, sin artimañas. Revela cómo fue tu proceso (el dolor, la aceptación, la búsqueda, el descubrimiento, la solución). Haz de cuenta que es una conversación privada: habla como si fueran amigos de toda la vida

5.– No olvides la moraleja
Una historia sin moraleja nunca termina de cerrar el círculo. Por ende, quedan cabos sueltos que se manifiestan en múltiples interrogantes, dudas, objeciones. Debe ser un mensaje claro, sencillo, útil, práctico, efectivo, de inmediata aplicación. Un mensaje que, además, quede grabado en la mente de esa persona y la invite a compartirlo con amigos, familiares y otros

Como ves, es algo sencillo. Quizás las primeras dos o tres veces se te antoje complejo, pero no olvides que “la práctica hace al maestro”. Ya no solo se trata de compartir valor, de aportar conocimiento o de promocionarte como la solución ideal. Esto ya no es suficiente, entre otras razones porque todo el mundo hace lo mismo en un mercado en el que sobra los clichés.

La historia, por sí misma, también ha perdido efecto. El storytelling, tristemente, es una de las víctimas de la infoxicación, lo han prostituido y la realidad es que el mercado duda de sus superpoderes. La conexión, mientras, carecerá de sentido si te limitas a proporcionar información (cómo se hace): es imprescindible que entres en el terreno de la transformación.

La pandemia no solo nos dejó cicatrices y recuerdos dolorosos. También nos enseño que necesitamos los unos de los otros o, de otra forma, que estamos aquí con el objetivo expreso de ayudarnos los unos a los otros. Hay mil y una formas de hacerlo y seguro, a partir de tus dones y talentos, alguna que te permitirá cumplir con tu propósito y sentirte feliz.

Ese proceso, créeme, es una historia digna de contar, de compartir…

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5 lecciones del Mundial-2026 para ser una marca personal campeona

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El Mundial de fútbol ya no es un simple torneo deportivo: hace años dejó de serlo. Ahora es un fenómeno social que traspasa barreras y supera fronteras, que no distingue entre fanáticos y aficionados de ocasión. Inclusive si tu país no es parte de la fiesta deportiva, a lo largo de estas semanas es posible vivir a la distancia una experiencia significativa, única e inolvidable.

Las evidencias nos enseñan que el reciente Mundial de Estados Unidos, México y Canadá funcionó como un gigantesco laboratorio de reputación. ¿Cómo? Países poco conocidos ganaron visibilidad, EE. UU. sorprendió positivamente a millones de visitantes. Además, la experiencia directa terminó siendo mucho más poderosa que la conversación en redes sociales.

Lo relevante va mucho más allá del resultado de los partidos, de la instancia del torneo o de la narrativa de los expertos. Cada uno lo vive a su manera, lo disfruta a su manera, lo sufre a su manera. Hay lugar para todos, sin importar si eres fanático o un simple espectador ajeno al ruido. Recuerda: es un fenómeno universal que traspasa todas las diferencias.

No importa si es tu “primera vez” o “una más”. No importa si eres niño o adulto, si eres hombre o mujer: lo único que se te exige es tener la capacidad de sentir emociones, interactuar y transmitir mensajes. Esa es la característica que distingue a las marcas personales poderosas: su capacidad para relacionarse con las audiencias y generar conversaciones relevantes.

Como en el campo de juego, en el que cada equipo muestra una identidad, una propuesta (de valor), unas fortalezas y unas debilidades, en el terreno de la marca personal es mucho lo que podemos aprender del Mundial. Y no solo de las figuras rutilantes o de los equipos destacados. También, de un entorno pletórico de historias dignas de contar, dignas de ver y escuchar.

Estas son las cinco principales lecciones que aprendí durante estas semanas:

Lección 1 – La visibilidad vale mucho más que el tamaño

Uno de los hechos más interesantes del Mundial 2026 fue la ampliación del torneo a 48 selecciones. Esto permitió que países tradicionalmente ausentes o poco relevantes del escenario global aparecieran ante miles de millones de espectadores. Los casos más destacados fueron Cabo Verde, Curazao, RD del Congo y Paraguay, sin olvidarnos de Noruega o Uzbekistán.

Dejaron de ser simples “participantes” para convertirse en protagonistas de algunas de las historias más comentadas del torneo. Aunque no llegaron a las instancias finales, demostraron que el Mundial no solo premia a quien gana: también recompensa a quien logra captar la atención del público. Asimismo, lograron despertar la admiración de propios y extraños.

Diversos medios especializados en turismo documentaron un incremento extraordinario en el interés internacional por el país. Expedia reportó aumentos superiores al 800 % en las búsquedas desde Estados Unidos. Otras mediciones señalaron incrementos cercanos al 5.000 % en búsquedas relacionadas con vacaciones en Cabo Verde durante el torneo.

Asimismo, Skift destacó que el Mundial colocó al archipiélago en el radar de viajeros que nunca antes lo habían considerado como destino turístico. Es decir, el fútbol terminó actuando como una campaña mundial de posicionamiento de marca y los beneficios se verán próximamente. Fue, sin duda, el caso más destacado de posicionamiento a partir de la visibilidad.

Significado

Muchos emprendedores creen que primero necesitan ser “grandes” para ser visibles. El Mundial demostró lo contrario. Primero llegó la visibilidad. Después, la conexión y la conversación. Luego apareció el reconocimiento. Y finalmente comenzó a construirse la reputación. La notoriedad no fue consecuencia del prestigio previo; fue el punto de partida para construirlo.

Lección 2 – Las personas creen mucho más en lo que viven que en lo que leen

Redes sociales, medios digitales y debates políticos habían construido una imagen marcada por la polarización, la inseguridad, las tensiones sociales y las dificultades migratorias. Se pronosticaban caos, disturbios, una fiesta malograda. Sin embargo, cuando comenzaron a llegar cientos de miles de visitantes, ocurrió algo muy interesante, totalmente opuesto a lo previsto.

La agencia Associated Press entrevistó a turistas provenientes de distintos países y encontró un patrón. ¿Cuál? Muchos afirmaron que la experiencia real había sido muy diferente de la imagen que tenían antes de viajar. Relataron haber encontrado personas hospitalarias, conversaciones espontáneas, ayuda desinteresada, recomendaciones de desconocidos y un ambiente mucho más cálido del esperado.

Varios entrevistados reconocieron explícitamente que habían descubierto una versión de Estados Unidos muy distinta de la construida por las redes sociales y el consumo permanente de noticias. Algo similar ocurrió, aunque en menor medida, en México y Canadá. Aquí aparece una idea muy poderosa: la narrativa cambió no por una campaña publicitaria, sino por una vivencia diferente.

Significado

Las personas no construyen confianza consumiendo contenido. La construyen viviendo experiencias. Puedes publicar cien videos diciendo que eres cercano. Pero si un cliente trabaja contigo y descubre que realmente escuchas, respondes, acompañas y cumples lo prometido, esa única experiencia tendrá mucho más peso que cien publicaciones en LinkedIn.

Lección 3 – La mejor publicidad fue la historia, no el resultado

Otro aspecto muy llamativo del Mundial fue la generosa cobertura que recibieron selecciones consideradas “pequeñas”. No porque fueran campeonas, sino porque tenían una historia, un relato que identificó, que conectó, que emocionó. El ritual de los vikingos remadores, que los noruegos convirtieron en una fiesta en los estadios y ciudades, es un claro ejemplo de ello.

Se trata de una tradición conectada de manera estrecha con sus costumbres, con su cultura. Esta celebración refleja su conexión histórica con el mar y el espíritu vikingo. Busca transmitir ánimo desde las tribunas, que en la cancha el equipo sienta que no está solo, que los hinchas confían en el talento de sus jugadores. Y que los acompañarán sin importar cuál sea el resultado.

Los medios internacionales destacaron continuamente el recorrido de Cabo Verde, el crecimiento de República Democrática del Congo y la aparición de nuevos protagonistas gracias al formato ampliado del torneo. La prensa rara vez habla únicamente de resultados.

Habla de historias. Y este Mundial nos ofreció historias fantásticas, muy inspiradoras.

Y eso mismo ocurre con cualquier profesional. Nadie recuerda a un consultor porque tenga veinte certificaciones. Lo recuerda porque existe una historia que conecta esas certificaciones con una transformación humana y porque esa transformación está representada por una experiencia agradable, memorable. No es lo que logras, sino lo que haces para conseguirlo.

Lección 4 – La reputación se construye, pero requiere validación

El Mundial también dejó claro que ningún país improvisó su imagen durante un mes. Las ciudades anfitrionas que recibieron mejores comentarios fueron las que trabajaron durante años en infraestructura, hospitalidad, organización y experiencia del visitante. Muchos aficionados destacaron esos aspectos como una de las grandes sorpresas positivas del torneo.

La reputación no apareció porque comenzara el Mundial. El torneo permitió experimentarla. Lo mismo sucede con la marca personal. Una conferencia, un pódcast viral o una entrevista no crean tu reputación, solo la hacen visible. Cada ciudad o país, cada equipo participante, mostró su esencia de manera auténtica y conectó con audiencias que se sintieron atraídas por los mismos valores.

Lección 5 – La autenticidad, más poderosa que cualquier campaña

Quizás el hallazgo más interesante fue comprobar que los momentos que más circularon por redes sociales no fueron anuncios oficiales. Fueron escenas espontáneas. Aficiones mezcladas en las calles. Conversaciones entre desconocidos. Celebraciones compartidas. Pequeños gestos de hospitalidad. Historias reales protagonizadas por héroes anónimos.

Precisamente esas experiencias fueron las que modificaron la percepción internacional de muchos visitantes. Eso confirma algo que hoy también ocurre con las marcas personales. Las personas ya no buscan perfección. Buscan autenticidad. Buscan coherencia. Buscan evidencia. No quieren escuchar que eres confiable: quieren descubrirlo por sí mismas.

En resumen

1.– La visibilidad precede a la autoridad. Si nadie sabe que existes, tu conocimiento no tiene oportunidad de generar impacto. Primero debes aparecer en el radar de las personas.

2.– La experiencia vence a la narrativa. Lo que un cliente vive contigo tiene mucho más peso que cualquier publicación en redes sociales. La confianza nace de la experiencia.

3.– Las personas recuerdan historias, no currículos. El conocimiento abre puertas, pero las historias son las que permanecen en la memoria. Y no solo las historias de éxito (triunfo).

4.– La reputación no se improvisa cuando llega la oportunidad. Se construye día a día y se hace evidente cuando se presenta la oportunidad. Si no estás preparado,  te ignorarán.

5.– La autenticidad genera más confianza que la perfección. En un entorno saturado de mensajes cuidadosamente diseñados, la coherencia sigue siendo el mayor diferenciador.

La gran lección que nos deja el Mundial-2026 es que te admirarán y amarán no por lo que logras, por lo que haces, sino por lo que eres. Piensa en Vozinha (arquero de Cabo Verde), en Erling Halland (el rey vikingo) o en Harry Kane (el héroe sin recompensa). Fueron protagonistas de algunas de las historias más destacadas, pero hubo otras maravillosas, inspiradoras, inolvidables.

Los países que fortalecieron su imagen no fueron necesariamente los más grandes ni los más poderosos. Fueron los que aprovecharon la oportunidad para mostrar quiénes eran realmente. Y los visitantes que regresaron con una percepción distinta de EE. UU. no cambiaron de opinión porque alguien intentara convencerlos, sino porque la experiencia vivida desmintió los estereotipos previos.

Esa misma lógica se aplica a cualquier marca personal: la reputación más sólida no se construye con promesas, sino con experiencias consistentes, historias auténticas y una propuesta de valor que las personas pueden comprobar por sí mismas. No eres un currículo, un sucesión de logros o cargos: eres una marca personal poderosa que el mercado ansía experimentar