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Cómo comunicar con autenticidad en la era de la manipulación

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Ya casi nada de lo que vemos, leemos o escuchamos es como es. ¿Eso qué significa? Que fuimos invadidos por las especies tóxicas, los depredadores dentro y fuera de internet, y vivimos atrapados por los contenidos falsos, los impostores y la manipulación. Una inmensa cloaca que está ahí, al alcance de la mano, a solo unos cuantos clics de distancia.

Por supuesto, esa es una tarea muy fácil de llevar a cabo gracias a las poderosas y geniales herramientas que nos proporciona la inteligencia artificial. Sin embargo, sería de obtusos achacarles la culpa a esos recursos que llegaron para cumplir un fin distinto. ¿Sabes cuál? Mejorar la vida cotidiana, facilitar las tareas habituales, potenciar nuestros resultados

El problema, como ha sucedido en ocasiones anteriores, no se desprende de la herramienta en sí, sino del uso que le damos. Del uso que cada uno les da a partir de su conocimiento, de sus intereses, de sus intenciones. Es como una pelea entre David y Goliat, porque son más, muchos más, los que mienten, los que publican falsedades, los que manipulan…

Una inmensa industria que, además, es muy lucrativa. Que se aprovecha de la ingenuidad, de la desocupación, de la ambición y de los bajos instintos de los usuarios. Que caen fácil en las redes de los impostores y en virtud de sus hábitos de consumo quedan expuestos a la violencia, a la pornografía, a la vulgaridad. En otras palabras, a la miseria humana.

Una miseria de la que, además, no es fácil apartarse. Tampoco es fácil diferenciarse porque el común de las personas no lee, no escucha con atención, no ve lo importante. La mayoría se queda en la percepción inicial, en las apariencias, en lo que creyó leer, en lo que pensó que había visto, en lo que le pareció escuchar… Entonces, se alimenta el círculo vicioso.

Lo expuesto en estos párrafos, sin embargo, no significa que la guerra esté perdida. ¡Hay que dar la pelea! Es a través del triunfo en las pequeñas batallas que se ganan las grandes confrontaciones. Es cierto que la gente cae muy fácilmente en la trampa, pero este error es fruto de la vulnerabilidad que se expone en ese insondable proceso de la vida.

Por si no lo sabías, o no te habías dado cuenta, los seres humanos entramos a internet, a los canales digitales, o consultamos los medios de comunicación, básicamente por dos motivos. ¿Sabes cuáles? Si piensas que es vender o comprar, estás equivocado. La realidad es que estamos en la búsqueda de información, por un lado, y de entretenimiento, por el otro.

De manera desprevenida, casi inconsciente, entramos a los canales digitales, vamos a los medios de comunicación, y quedamos expuestos a su inmundicia. Quizás no es lo que queremos, quizás no es lo que buscamos, quizás no es el contenido que anhelamos consumir. Sin embargo, está ahí, fresquito, disponible y, no es casualidad, ¡gratis!

Por eso, a los que estamos en la otra orilla, los que no somos vendehúmo, ni manipuladores, ni tóxicos, nos cuesta tanto convivir en ese ecosistema. No estamos hechos para eso, nos resistimos a convertirnos en otra especie tóxica, nos revelamos a la enquistada cultura de la pornobasura, de la pornomiseria. Y somos la otra cara, la que muchos no ven o no quieren ver.

Para algunos, la tarea es más complicada porque caen en la trampa de imitar a los que son hábiles para captar la atención, para conseguir los clics de los morbosos. Ese, claramente, no es el camino. De lo que se trata es de ser diferente, que se antoja una labor fácil en la medida en que entiendas que basta con ser auténtico, con mostrarte como eres.

Y, por supuesto, de lo que comuniques y cómo lo comuniques. Si tu mensaje no es asertivo, si carece de impacto, quedarás sujeto a las percepciones de los demás que, seguro lo sabes, son arenas movedizas. Por eso, entonces, es tan importante saber qué debes hacer para no caer en esta trampa. Te ofrezco diez acciones sencillas y efectivas que puedes implementar:

Moraleja

Este es el mensaje que quiero que grabes en tu mente (posa el 'mouse' para continuar)
Vivimos rodeados de contenido tóxico y apariencias. Sin embargo, hay una salida efectiva. ¿Cuál? Comunicar con verdad, propósito y autenticidad para conectar sin caer en la trampa del ruido digital.

1.Comunica tus valores de marca.
Son los que te permitirán tanto darte a conocer sin ambigüedades como conectar con las personas adecuadas. Y algo que también es valioso e importante: ahuyentar a quienes no son tus clientes potenciales, de modo que evitas distraerte. Tus valores, no lo olvides, son todas esas características que te hacen único, irrepetible y, por supuesto, alguien valioso.

2.Revela la forma de entender tu profesión.
No basta con decir “hago esto porque me gusta” o “porque me hace feliz”. Eso a nadie le interesa. Tu profesión u oficio deben responder a un propósito superior que te permita producir un impacto positivo en la vida de otros. De lo contrario, nadie escuchará tu voz y, lo peor, a nadie le interesará lo que ofreces. El propósito, hoy, es el sine qua non de la atención.

3.Establece lo que decides comunicar y lo que no.
Es lo que en palabras comunes llamamos “los innegociables”. No solo son tus principios y valores, sino también los límites que indican qué sí y qué no estás dispuesto a hacer, en qué condiciones aceptas ceder o cuáles terrenos son vedados. Se relaciona estrechamente con tus creencias, en especial en temas controvertidos: religión, política, sexo, deporte…

4.Informa lo que no encaja con tu marca.
No tienes que caerle bien a todo el mundo o ser agradable para todo el mundo. Por su nivel de conocimiento, por sus experiencias, por sus creencias y por sus expectativas, muchas personas están fuera del alcance de tu radar. O, mejor, a las que no les puedes proporcionar la solución que anhelan. Tratar de encajar con todo el mundo le restará poder a tu mensaje.

5.Establece el tipo de clientes con los que quieres trabajar (y con los que no).
No, no cualquiera es tu cliente. De hecho, la mayoría no lo son. ¡Esa es la realidad! Cuanto más pronto lo aceptes, mejor. Cuanto más claro lo comuniques, mejor. Esto incluye a prospectos a los que sí puedes ayudar, pero que pueden convertirse en una molestia o, de otra forma, no están listos todavía. Y aquellos que no te interesan, ¡déjalos ir, suéltalos!

6.Comunica tu propuesta de marca.
Este, quizás lo sabes, es uno de los mensajes más importantes. Un mensaje que debe ser preciso, específico, claro. Que cualquier persona lo entienda o, mejor, que pueda llevar a cabo lo que esperas de ella. Además, debe ser único, claramente diferente de lo que ofrece tu competencia. Ten en cuenta que propuesta de marca (o valor) no significa vender.

7.Explica cuál es el método de trabajo que utilizas.
Y no solo eso: también, y tan claro y preciso como sea posible, qué acción (o acciones) debe ejecutar tu cliente. ¿Qué esperas de él? ¿Hasta dónde llega tu ayuda? ¿Hay seguimiento, y cómo se da? Este, créeme, es uno de los errores más comunes al comunicarte con el mercado: se asume que todo está claro, que cualquiera lo entiende, y no siempre es así.

8.Anuncia otros servicios que puedas prestar.
A veces, las personas atienden tu mensaje solo por curiosidad, pero en realidad no saben lo que quieren o lo que necesitan. Por eso, si puedes ayudarlas de otras formas, no pierdas la oportunidad. Recuerda que lo importarte es establecer una relación y comenzar una conversación a través de la cual, en el tiempo, se dé un intercambio de beneficios.

9.Resalta la transformación que ofreces.
A nadie le interesa tu producto o servicio en sí mismo, sino lo que este puede producir en su vida y cambiarla para bien. Es esa transformación por la que alguien está dispuesto a pagar, por la que se arriesgará a salir de la zona de confort. Enfócate en dibujar en su mente cómo será su vida si hace lo que le propones, si toma lo que le ofreces. Persuádelo e inspíralo.

10.Comparte qué se siente trabajar contigo.
Ten en cuenta que no eres el único que puede producir esa transformación, que tu  producto o servicio es muy parecido a otros del mercado. Y no olvides que el diferencial, lo que nadie puede copiar o replicar, ¡eres tú! No peques por modesto, porque seguro tu competencia no lo hará. Transmite confianza, seguridad, autoridad y, sobre todo, calidez humana.

Hoy más que nunca, las personas queremos, y necesitamos, relacionarnos con quienes de manera genuina están en capacidad de aportar algo positivo a nuestra vida. Si tú, en virtud de tu profesión u oficio, lo puedes hacer ¡comunícalo sin rubor! Alza tu voz, haz que te escuchen y cuéntale al mundo que te sientes honrado y privilegiado por compartir lo que tienes, lo que eres.

En medio de una realidad caótica en la que ya casi nada de lo que vemos, leemos o escuchamos es como es, la autenticidad y el deseo genuino de ayudar son valores preciados en el mercado. ¿Sabes por qué? Porque son escasos y, sobre todo, porque no cualquiera los puede ofrecer. Utiliza el poder de tu mensaje para convertirte en un agente de transformación positiva.