Categorías
General

3 contenidos para generar impacto positivo, ¡sin clichés, sin humo!

Si lo prefieres, puedes escuchar el artículo completo

¿Lo mejor de los canales digitales? Les dieron voz a quienes en el mundo de los medios convencionales no eran escuchados. Los visibilizó y nos permitió conocer historias maravillosas que, de otra forma, quizás se hubieran perdido en el olvido. ¿Lo peor de los canales digitales? Les dieron voz a quienes solo aprovechan para destilar sus bajos instintos.

Una salvedad pertinente: lo negativo, lo tóxico, no son los canales digitales. Se trata de herramientas poderosas que están diseñadas para servirnos, para hacer que nuestra vida, en sus diversas facetas, sea más fácil y productiva. Recursos poderosos útiles para todos, para cualquiera. El problema es el uso que les damos, los contenidos que compartimos.

El italiano Umberto Eco, novelista, filósofo y semiólogo fallecido en 2016, dijo: Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

Fue con ocasión de una entrevista con el diario Stampa, uno de los más importantes de su país. En otra oportunidad, en conversación con el diario ABC español, aseguró: “La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad.

El problema, según Eco, se resume así: Con internet, te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio”.

En una sola palabra, es lo que conocemos como infoxicación. Que a todos nos afecta, de la que todos, en mayor o menor medida, somos responsables. Bien sea porque compartimos contenidos falsos, inconscientes de las eventuales consecuencias. Bien sea, quizás, porque replicamos contenidos tóxicos sin verificar las fuentes y contribuimos a propagar el ruido.

Que levante la mano aquel que esté libre de pecado. Hasta el presidente estadounidense Donald Trump cayó en la trampa y compartió contenidos falsos. Eco, sin duda, tenía razón. Hoy, los canales digitales están llenos de especies tóxicas, de esas que llaman influenciadores, dedicadas a contaminar de múltiples formas. Lo peor es que son prácticamente inevitables.

¿Por qué? Porque lo más tóxico que hay en el ecosistema de los canales digitales es, quién lo creyera, el bendito algoritmo. Que no distingue entre contenidos inocentes y dañinos, entre verdad y falsedad, entre persuasión y manipulación. Solo persigue lo viral para impulsarlo, para potenciar su visibilidad. Y su daño, también. De manera irónica, el algoritmo es ‘el’ enemigo.

No solo de tus publicaciones, sino de las propias redes sociales. Es la principal fuente de contaminación, de propagación de contenidos tóxicos y, por ende, responsable de que este ecosistema ya no sea lo que fue antes. Porque, quizás lo recuerdes, hubo un antes en el que las redes sociales, internet en general, eran agradables. Hoy, ese recuerdo es solo una quimera.

Por fortuna, como lo he mencionado en publicaciones anteriores, esta no es una batalla perdida. No mientras haya una persona, tan solo una, que comparta contenido de valor, cuyas publicaciones brillen por su calidad e impacto, no por el ruido que generan. Y apuesto porque tú, que consumes mis contenidos, prefieres ser parte de la solución, dejar atrás el problema.

Créeme que como creador de contenido de valor le he dado muchas vueltas al asunto. No me resigno a ceder el pequeño espacio que he conquistado para que un influenciador tóxico o un vendehúmo se adueñen de él. Mientras haya vida y salud, continuaré en esta lucha por ofrecer valor, por ayudar y servir a través de los dones y talentos recibidos, de conocimiento adquirido.

Para evitar que tu contenido se pierda de inmediato, atrapado en las garras de las especies tóxicas, debe cumplir dos condiciones. ¿Imaginas cuáles son? La primera, la autenticidad; la segunda, el enfoque. Lo demás, todo lo demás, como el formato, la extensión o el canal, es secundario, en especial en esta era de impostores, de IA generativa de modelos cliché.

El contenido auténtico es aquel que está relacionado directamente con tu esencia. ¿Sabes cuál es? Tus principios y valores, tus creencias, tu conocimiento y tus experiencias, tus sueños. También, tus miedos, tus frustraciones, tus errores, tus limitaciones. ¡Tu esencia! Lo que eres, incluido lo positivo y lo negativo. En otras palabras, lo que te hace ÚNICO y ESPECIAL.

Que, por supuesto, no significa ser monedita de oro y caerle bien a todo el mundo. Tampoco es no recibir críticas o no equivocarte. Esta, la otra cara de la moneda, es parte de la vida en todos los ámbitos. Es el contenido que te identifica, que refleja lo que eres, que con solo tu particular estilo (voz, tono) adquiere sentido. El contenido que produce un impacto positivo en otros.

Moraleja

Este es el contenido de valor que quiero que grabes en tu mente (posa el 'mouse' para continuar)
No está perdida la batalla contra la infoxicación en los canales digitales. ¿El antídoto? Contenido sin clichés, sin humo. Estas tres alternativas te servirán para producir un impacto positivo.

Otra premisa es aceptar la aventura de ir contra la corriente. Es decir, dejar de ser más de lo mismo, dejar de copiar prompts perfectos que no funcionan, dejar de aplicar fórmulas y libretos que no dan resultado. O que dejaron de ser efectivos porque todo el mundo los usa, porque fueron prostituidos. Ir contra la corriente refuerza la autenticidad de tus contenidos.

El segundo aspecto es el enfoque. Lo que el mercado pide a gritos es una mirada distinta, ¡ya no más clichés! Ni los de humanos ni los generados por la inteligencia artificial. ¡No más clichés! Una mirada distinta significa ir un poco más allá de lo que se ve a simple vista, un poco más profundo. Hacerte preguntas distintas, incómodas, y atreverte a compartir las respuestas.

Ir contra la corriente, no lo olvides. Algunas opciones son las siguientes:

1.– Rompe mitos.
Todas las actividades de la vida, sin excepción, involucran verdades a medias o mentiras que hicieron carrera de tantas veces que fueron repetidas. “Todos los hombres son infieles”, “los árabes son terroristas”, “los blancos son más inteligentes” y otras por el estilo. Versiones populares que comenzaron a volar en los canales digitales y adquirieron inusitada fuerza.

¿A qué te dedicas? ¿Eres nutricionista? ¿Un abogado? ¿Un contador? ¿Un sicólogo? ¿Un comunicador? ¿Un ama de casa? Estas actividades, como cualquier otra, están llenas de mitos, de falsedades, de verdades a medias. Elige una opción, solo una, y expresa por qué es un mito, por qué no es cierto. Ofrece argumentos sólidos, comprobables, no solo tu opinión.

Un ejemplo: “El fútbol es un deporte de hombres” fue una visión de la versión que se creyó durante muchos años. Hoy, el fútbol femenino no solo es una realidad, sino que también es el escenario en el que millones de mujeres de todo el mundo cumplen sus sueños y son felices. Y también un espacio de comunicación en el que muchas mujeres pueden expresarse.

2.– Brinda autoridad.
Ten cuidado, porque hay una delgada línea que, si la cruzas, caes en las arenas movedizas de los vendehúmo. Ten en cuenta, además, que no hay verdades absolutas: todo es relativo, está determinado por el cristal a través del cual lo vemos. Entonces, olvídate de las patéticas sentencias contundentes, de las fórmulas infalibles, de las soluciones perfectas.

¿De qué se trata, entonces, la autoridad? De que compartas lo que sabes, lo que has aprendido y, en especial, lo que has vivido, de manera auténtica. Y no solo eso: sobre todo, transparente. Sin filtros, sin omitir lo que te produce vergüenza, sin exagerar o distorsionar tus acciones. La autoridad es revelar algo que te sucedió y compartir lo que aprendiste y puede ayudar a otros.

Un ejemplo: relata algún episodio bochornoso que hayas protagonizado durante tu visita (de vacaciones o trabajo) a una ciudad o un país distinto al tuyo. ¿Qué hiciste mal? ¿Cuál fue el impacto que generaste? ¿Qué consecuencias tuvo ese hecho? ¿Qué aprendiste? Todos, sin excepción, estamos expuestos a algo parecido, así que tu experiencia puede ser útil.

3.– Educa a tu audiencia.
Sí, es cierto que cada vez menos personas quieren aprender (solo buscan resultados). Sin embargo, no olvides que el mayor impacto positivo que puedes provocar en la vida de otros es lo que les enseñas. Piensa en lo que tus padres te enseñaron y hoy, pasado el tiempo, no solo agradeces, sino que concibes también como pilares de lo que eres como ser humano.

El contenido de valor educativo no solo no pasa de moda, sino que, además, si es auténtico, jamás pierde valor. En especial en estos tiempos cambiantes, en los que la vida evoluciona a un ritmo frenético, vivimos en modo aprendizaje. Nunca dejamos de aprender y, entonces, valoramos lo que nos acorte la curva de aprendizaje y nos dé resultados efectivos.

Un ejemplo: si eres padre con hijos adolescentes, revela una acción sencilla que te ayuda a hacer que entren en razón cuando asoman los berrinches. ¿Qué frases usas? ¿Cuál es el tono que empleas? ¿Por qué hace la diferencia? ¿Que otras acciones no dieron resultado? Estoy seguro de que habrá padres que agradecerán tus consejos, si a ellos también les funcionan.

Lo mejor de los canales digitales es que nos permiten a las personas de bien compartir lo que somos y lo que hacemos. Ayudar a otros, quizás lo sabes, proporciona recompensas cuyo valor es incalculable. Créeme: la batalla no está perdida. No, mientras personas como tú y como yo no renunciemos a utilizar los canales digitales y sus herramientas contra la corriente.

Categorías
General

¿Sabías que tú puedes ser la solución contra el contenido pornobasura?

¿No estás cansado de recibir y ver tanta basura en los medios de comunicación y en internet? ¿No estás cansado de abrir tu bandeja de correo y encontrar decenas de mensajes que nada te aportan, que solo te quitan tiempo valioso? ¿No estás cansado de tropezarte con tanto gurú autoproclamado que, en verdad, no son más que vendehúmos? ¿No estás cansado?

Lo primero que hay que convenir es que el mal no está en las herramientas o los canales, dentro o fuera de internet, sino el uso que se hace de ellas. Tristemente, en procura de los ansiados clics, la tarea de atraer la atención de los consumidores, de las audiencias, se canibalizó, se prostituyó. Hoy, lo que consumimos es básicamente pornobasura.

Si abres la web de un medio de comunicación, el más prestigioso de tu país o el de mayor tradición, verás que noticias, lo que se dice noticias, hay pocas. El resto, la mayoría, son informaciones infladas, distorsionadas, manipuladas para tratar de conseguir clics. Titulares engañosos y/o morbosos que son ofensivos, un insulto a la inteligencia y a la decencia.

Lo peor, sin duda, es que esas perversas publicaciones nos persiguen por doquier y tienen la capacidad de transformarse como si fueran camaleones. Textos, post de redes sociales, videos, audios, infografías, pódcast, reels, historias, webinars…, en fin. Saltan como liebres y ay de ti si haces clic en alguna de ellas, porque la persecución será mucho más que intrusiva.

Que el futbolista equis se pintó el pelo de amarillo, que la modelo ye publicó una foto con prendas sugestivas, que el influencer zeta se dio un beso con un seguidor y su pareja estalló en ira… Es una vulgaridad. Y lo peor, ¿sabes qué es lo peor? Que no hay límites. Cuando crees que ya lo viste todo, que no puede haber algo más perverso, consiguen superarse, por así decirlo.

Lo fácil es decir que son las redes sociales, tristemente convertidas en cloacas sociales por cuyos canales vienen y van los bajos instintos de la humanidad, sus fétidas perversiones. Sin embargo, no es un mal exclusivo de ellas: los medios de comunicación y también muchos de los portales de empresas y profesionales independientes que posan de independientes.

¿No estás cansado de recibir y ver tanta basura en los medios de comunicación y en internet? Honestamente, yo sí estoy cansado. De hecho, desde hace años. Como muchos, quizás como tú, durante un tiempo consumí esa pornobasura como si no hubiera una solución. Hasta que un día un amigo me enseñó cómo podía blindarme contra esta y sacar lo tóxico de mi vida.

¿Qué hice? Primero, dejé de ver noticieros, ¡TODOS!, y cualquier otro de esos programas de televisión que llaman de opinión, pero que en realidad son de manipulación. También corté mis relaciones con los periódicos, tanto en formato impreso como digital. Y, por último, hice una radical limpieza de mis redes sociales, eliminando todo aquello con tufillo tóxico.

Cualquiera podría decir que vivo aislado de la realidad, que no me entero de lo que sucede, pero no es así. Como periodista, y además en función del trabajo que realizo para otras personas, una de mis obligaciones es estar bien informado. Solo aprendí a seleccionar las fuentes, a decantar los canales a través de los cuales consumo la información que requiero.

Ciertamente, por fortuna, todavía hay fuentes confiables, páginas web y medios que hacen un buen trabajo. Sobre todo, de buen gusto, respetuoso y alejado de las prácticas de distorsión y manipulación tan comunes. Personas y empresas que saben que tienen un privilegio, pero que este va atado a una responsabilidad y procuran honrarla ayudando a sus consumidores.

El problema de fondo, porque sabes que siempre hay un problema, es que la mayoría de las personas eligió el camino fácil. ¿Sabes cuál es? Aquel de pensar que la guerra contra esta infoxicación, contra la pornobasura que pulula se publica en internet y en los medios, está perdida. No solo no es así, sino que además este momento significa una gran oportunidad.

Lo ocurrido en los últimos años, por cuenta de la inusual situación a la que nos enfrentó la pandemia, provocó una explosión de las oportunidades. Por ejemplo, muchas personas que no sabían qué era Zoom ahora no solo realizan reuniones de trabajo a través de esa plataforma, sino que también la utilizan para comunicarse con familiares y amigos, o para capacitarse.

pornobasura-contenido-toxico

Además, miles de personas que perdieron su trabajo en este período encontraron en internet un escenario ideal para rediseñar su vida, para tomar un camino distinto al anterior, que no las satisfacía. Igualmente, niños y jóvenes se dieron cuenta de que internet y los dispositivos digitales no son solo para jugar, sino que son una poderosa herramienta de aprendizaje.

Una de las lecciones maravillosas que nos deja este doloroso período es que la misión que nos fue encomendada al llegar a este mundo fue la de ayudar a otros. Aunque a veces no nos damos cuenta, o volteamos a mirar para otro lado, son muchas las personas que necesitan ayuda, de muchas formas: que las escuchen, que las valoren, que no las dejen solas.

Otra lección increíble, al menos en mi caso (y ojalá también en el tuyo) es saber que cada uno está en capacidad de hacer algo positivo por otros. Mi amigo Emil Montás, de República Dominicana, dice que “lo que no se comparte, no se disfruta”. Y según mi amigo y mentor Álvaro Mendoza “si no compartes con otros lo que sabes, ese conocimiento no te sirve para nada”.

El objetivo de estas líneas es invitarte a reflexionar acerca de ese mensaje poderoso que hay en ti, que eres tú. No importa qué hagas, a qué te dedicas, cuál es tu profesión u oficio. Todos, absolutamente todos los seres humanos, tenemos algo valioso para compartir con otros, para ayudar a otros. No solo conocimiento, sino también experiencias y sueños.

En los últimos años, los acontecimientos nos han enseñado que no podemos dejar para mañana o para después aquello que le da sentido a nuestra vida. Quizás no haya mañana o después para decirle a tu pareja o a tus padres que los amas; para disfrutar con tu mascota, para abrazar a tus amigos, para reconciliarte contigo mismo y cuidarte, consentirte.

Lo mejor, ¿sabes qué es lo mejor? Que hoy la tecnología e internet nos permiten transmitir nuestro mensaje de manera sencilla y gratuita. Ni siquiera necesitas una web propia, si eso es lo que te detiene. Hay múltiples canales disponibles y variados formatos para que elijas el que más te acomode, en el que te sientas más cómodo a la hora de compartir tu conocimiento.

En mi caso, escribir es la habilidad que me permite hacerlo. También suelo participar de otras actividades como entrevistas (en video) o eventos virtuales en los que doy charlas relacionadas con mi quehacer, con mi experiencia. Cada una de esas oportunidades me deja un aprendizaje muy valioso y, además, vivencias increíbles a través de la interacción con otras personas.

Aquí entre nos, a través de mis escritos y esas otras actividades no solo le encuentro sentido a lo que soy y a lo que he aprendido, sino que también me siento útil. Sí, gracias a Dios, mi mensaje es una pequeña semilla que cae en tierra fértil y luego germina de mil y una formas maravillosas. Es un inmenso privilegio que disfruto, un compromiso que intento honrar.

Y tú, ¿ya lo intentaste? Si eres habitual seguidor de mis publicaciones, seguramente sabes que pregono que escribir es una terapia, una increíble oportunidad que nos da la vida para dejar un legado positivo en este mundo, una huella en la vida de otros. Sin embargo, si lo que mejor se te da es la voz, haz pódcast; si es la imagen, graba videos. ¡Hay uno ideal para ti!

Además, retomando el problema expuesto en el comienzo de este artículo, es una pequeña contribución para contrarrestar la pornobasura que pulula tanto en internet y como en los medios de comunicación. En la medida en que haya más personas como tú que generen un contenido de calidad, que en verdad aporte valor, será posible ganar esta dura batalla.

Así mismo, y te lo menciono por experiencia, las personas están ávidas de contenido de valor y cuando lo encuentran lo aprecian, lo agradecen. De lo que se trata es de sembrar una semilla que tarde o temprano germinará o, si prefieres verlo de otra manera, aceptar el reto de ser un eslabón de la cadena de transformación positiva de la sociedad, del mundo, de tu vida.

No te niegues ese derecho, no te niegues ese privilegio. No permitas que el miedo al qué dirán o a la crítica te impida compartir con otros ese mensaje poderoso que hay en ti, que eres tú. Y olvídate del síndrome del impostar: nadie pretende que escribas como García Márquez, o que te desenvuelvas ante la cámara como un presentador de noticias o que hables como un orador.

Te propongo, te invito, a que te des la oportunidad de ser una fuente de mensajes positivos, constructivos y transformadores. A que compartas con otros no solo tu conocimiento, sino tus experiencias, el aprendizaje surgido de tus errores y, sobre todo, tu inspiradora historia. Dentro de ti hay un héroe que ha superado mil y una dificultades, y otros quieren ser como tú.

pornobasura-contenido-toxico