Categorías
General

Este es el talento oculto de los grandes contadores de historias

Si lo prefieres, puedes escuchar el artículo completo

A todos, sin excepción, nos ha sucedido más veces de las que nos gustaría reconocer. ¿Sabes a qué me refiero? A que abordamos una tarea, cualquiera, convencidos de que “es la mejor forma de hacerla”. Sin embargo, el proceso se complica, se extiende, y muchas veces, la mayoría de las veces, el resultado dista mucho del esperado. O, peor, abortamos la tarea.

A mí, te lo confieso, me ha sucedido muchas veces en la cocina cuando intento seguir una receta al pie de la letra. La receta está bien, por supuesto, pero por alguna razón que nunca pude establecer, no me funciona. Igual ocurre con los “sencillos tutoriales” de programas que abundan en internet: difícilmente consigo el resultado, y mucho menos de forma “fácil”.

Me va mucho mejor con la intuición, con esa vieja estrategia de prueba y error. Quizás porque lo asumo como una cuestión de orgullo: no quiero dejármela ganar. Entonces, me doy mañas para aprender, para cumplir con el objetivo previsto, así a veces el camino sea más largo. Al final, pienso, de eso se trata la vida: no hay libretos perfectos, ni fórmulas mágicas.

Y esto último es especialmente importante, y cierto, en el caso de la creación de historias. Sí, ya sé que en internet, en medio de tanta basura, de tanta inmundicia, abundan los gurús y los vendehúmo que pregonan algo distinto. Que basta con una fórmula de copywriting, que seguir los 3-4 pasos de la versión abreviada del viaje del héroe te convertirán en un gran escritor.

Por supuesto, es mentira. Las fórmulas de copywriting son eficientes, pero no para crear historias. Fueron creadas con otro propósito y funcionan muy bien si sabes aplicarlas. En el caso del viaje del héroe abreviado (planteamiento-nudo-desenlace) sirve en algunos casos. A mí no me agrada porque, sin querer queriendo, te lleva a ser repetitivo o, peor, aburrido.

Después de casi cuarenta años escribiendo a diario tengo la convicción de que el arte de escribir es más una habilidad (también me gusta el término método) que una fórmula. Lo básico es contar con las herramientas indispensables y, luego, darte permiso de pensar, primero, y de experimentar, después. Un proceso que, valga decirlo, incorpora el error y la frustración.

Dentro de ese kit de herramientas, por cierto, no está la tal inspiración. Y, aunque no me lo has solicitado y quizás no te guste leerlo, tampoco incorpora la inteligencia artificial. En el caso de la inspiración, seguro lo sabes si sigues mis contenidos, no existe: no va a llegar simplemente porque ya está en ti, dentro de ti. Lo único que debes hacer, entonces, es activarla.

En cuanto a la maravillosa tecnología que se incrustó en nuestra vida, en nuestro trabajo desde su meteórica irrupción en noviembre de 2022, no es necesaria. Recalco: tú ya posees todo lo que se necesita. ¿Qué? Tu conocimiento, tus experiencias, tus aprendizajes, tus errores, tus creencias, tus valores, tus pensamientos, tus sueños. La IA no te puede aportar nada de esto.

El concepto más importante, el que quiero que aprendas y pongas en práctica (si te lo tatúas en un brazo, no estaría mal), es que narrativa y reglas son como el agua y el aceite. Si de verdad quieres crear una historia de impacto, de esas que se recuerdan y agradecen, lo mejor es que utilices lo que la vida te proporcionó: dones y talentos, más el mencionado kit de herramientas.

Reitero: el proceso de creación (no solo el de escritura) es producto de una habilidad desarrollada. Es decir, todos, sin excepción, poseemos el potencial, está incorporado en la configuración original. La diferencia radica en que algunos la desarrollamos y la cultivamos, mientras que otros eligen caminos distintos. Por supuesto, con resultados distintos.

Me gusta más entender, asumirlo como un juego, con un reto. “¿Será que puedo? ¡Claro que puedo!”. Soy consciente de que la vida me dio todo lo que necesito, me concedió el privilegio de vivir experiencias únicas, irrepetibles, increíbles. Lo que haga falta corre por mi cuenta con práctica, profesionalismo, curiosidad y, sin duda, lo más importante: trabajo, constancia.

Es en esto último, precisamente, donde se esconde el engaño de los gurús y vendehúmos de las formulas perfectas, de los libretos ideales. ¿Cómo así? Te dicen que es muy fácil (en eso no mienten), pero no te dicen que requerirás práctica, trabajo, para lograr convertirte en un contador de historias digno de escuchar, de ver, de leer. Esa parte, el trabajo, es la que omiten.

Y vaya si lo sé. Luego de una década dedicada al marketing digital, tiempo en el que he tenido la oportunidad de compartir mi conocimiento y experiencia en charlas y cursos, llegué a una conclusión. ¿Sabes cuál? Las personas no quieren aprender a hacer, quieren ir directo al resultado exitoso y tan rápido y económico (ojalá gratis) como sea posible…

Sin embargo, aunque sé que es una batalla virtualmente perdida (recuerda, la pereza es la madre de todos los vicios), no dejo de insistir. Reitero, renuevo mi invitación para que te des una oportunidad y crees contenido auténtico.Quizás no te hagas famoso, seguramente no te harás multimillonario y probablemente no recibas los honores de una figura consagrada.

Y vaya si lo sé. Por mi parte, en todo caso, no hay reproche: nada de eso era lo que buscaba cuando tomé la decisión de hacerme periodista. Y más allá de los avatares de la profesión, de la mediocridad del oficio, valoro y agradezco cada día que la vida me ha permitido ejercerla. Soy un privilegiado, amo lo que hago y, a pesar del tiempo y las dificultades, la llama de la pasión sigue encendida.

Si nunca lo intentaste o si, quizás, probaste alguna vez y los resultados no te dejaron satisfecho (a lo mejor, porque las expectativas eran desmedidas), te invito a que pruebes lo siguiente. No es una fórmula, no es un libreto, no es un paso a paso. Tampoco quiero que los veas como un truco, porque no hay magia. Se trata, simplemente, de recursos útiles que te pueden ayudar.

Antes de comenzar, algo más: recuerda que el mejor narrador no nace, ¡se hace!

1.– Mejor que sobre y no que falte.
¿Sabes cuál es la característica que distingue a la mayoría de historias que son aburridas? Que su trama es plana, lenta, predecible. Es decir, falta conflicto. Y, no lo dudes, para que una historia sea una buena historia se requiere un gran conflicto (no grande, sino bueno). Que, por supuesto, debe ser creíble, sin exageraciones. Piensa en porqué te atrapan las telenovelas.

2.– No tengas miedo de copiar.
¡Cuidado!, no estimulo el odioso copy + paste. ¿Entonces? Elige tu autor o narrador favorito (no descartes un cantante), busca esa obra que te emociona y cópiala. Hazlo a mano, palabra por palabra. Repite 5-10 veces, y tu cerebro reconocerá los patrones, establecerá qué es lo valioso y entonces lo reproducirá cuando le pidas crear una historia. Créeme: ¡funciona!

3.– Comienza por el final.
Aunque te parezca increíble, esta es la clave de las mejores historias, de las inolvidables. ¿Por qué? Porque cuando escribes primero el final ya sabes cuál es tu destino y, lo mejor, evitas caer en la improvisación (prima hermana de la tal inspiración). Cuando conoces el final, recorrer el camino es más fácil. Esta técnica es un secreto de los mejores narradores de la historia.

4.– Convierte tu gancho en una promesa.
Nadie consumirá tu historia (película, relato, pódcast) sin saber qué recibirá a cambio de su tiempo. El rol del gancho va mucho más allá de atraer la atención: ¿qué aporta? ¿Romance?, ¿drama?, ¿acción?, ¿ficción? De él se desprenden el tono, la trama, el conflicto… Por supuesto, al final, la persona que consumió tu historia debe saber que cumpliste tu promesa.

5.– Crea personajes humanos.
¿Eso qué significa? Fundamentalmente, que sean imperfectos. Es decir, que tengan defectos, que se equivoquen, que sean ingenuos, que sean villanos… Personajes con características de seres humanos reales. Recuerda que las grandes historias oscilan entre dos extremos: el conflicto (la maldad) y el heroísmo. Y todos, absolutamente todos, tenemos algo de cada uno.

Plus.– Asegúrate de que la gente quiera más.
Como cuando vas al cine, disfrutas la película y sales pensando “¿Habrá una segunda parte?”. En el caso de la creación de buenas historias significa, en especial, quitar lo que sea relleno, lo que no le aporte a la historia. Asimismo, deja algunos cabos sueltos, no resuelvas todos los problemas, no cierres todos los círculos. Una buena historia es como la vida misma…

Puedo asegurarte en un 99,99 por ciento que no quedarás satisfecho en el primer intento. Tendrás que insistir, pero cuanto más entusiasmo expongas y más desarrolles tus habilidades (esto es, aprovechar todo lo que la vida te regaló), más pronto verás buenos resultados. Por si acaso, te aclaro algo: el gran talento de un buen narrador de historias es… ¡nunca rendirse!

Categorías
General

El (necesario) cambio de estrategia para evitar ser invisible

Si lo prefieres, puedes escuchar el artículo completo

Mea culpa: ¡yo también caí en la trampa! Como prácticamente todos, empresas, negocios, emprendedores y profesionales independientes. Yo también caí en la trampa del espiral de la publicación recurrente de contenido en canales digitales. Trabajé con pasión, con devoción, con profesionalismo y con ilusión, hasta que me canse de ver que los resultados eran nulos.

Una precisión pertinente: cuando comencé a publicar regularmente, no tenía el objetivo de convertirme en un influenciador famoso y multimillonario. Para alcanzar esos logros hay que traspasar líneas que no estoy dispuesto a pasar, tanto en lo relacionado con la calidad como con la ética. No soy un payaso digital, como muchos, ni un vendehúmo, como tantos otros.

Mi intención era (y sigue siendo) la de compartir valor. Estoy en una etapa en la que, si bien no dejo de aprender, el propósito que me guía es compartir con otros lo que la vida me dio el privilegio de recibir. Conocimiento, experiencias, errores, principios, valores… Mi gran tesoro. Que solo tiene sentido en la medida en que lo traspase a otros para que se multiplique.

No puedo quejarme, porque la respuesta que recibí fue positiva. Es decir, la audiencia a la que me dirijo, de la cual tú haces parte, acogió mis contenidos de buena manera. No solo con gratitud, sino también con disposición para aprender y compartir. No me volví famoso y tampoco soy multimillonario, pero esa no fue la razón por la cual tuve que hacer un pare.

¿Entonces? Honestamente, me agoté. Aunque escribir contenidos es algo de lo que más disfruto en la vida, a veces te sientes cansado. Más en un escenario como el de los canales digitales que cambia constantemente, que limita el tráfico orgánico, que te obliga a competir con toneladas de contenido basura y de publicidad invasiva, abusiva y agresiva.

Aparte, estaba el hecho de luchar contra la corriente. ¿Sabes a qué me refiero? A lidiar con el caprichoso algoritmo. Que, seguro lo sabes, una vez aprendes a aprovecharlo, cambia y toca comenzar de nuevo, desde cero. Con un agravante: ahora, como una especie de venganza de la naturaleza, el algoritmo sufre los rigores de una influencia determinante. ¿Sabes cuál es?

La inteligencia artificial, que enterró el patético SEO y modificó la forma en que buscamos en los canales digitales. Lo más importante, sin embargo, es que también cambió la forme en que los navegadores nos encuentran en internet. Entonces, ya no se trata de pelear contra los caprichos del algoritmo, sino también contra la nueva dictadura: la inteligencia artificial.

Es nadar contra la corriente con el mar crecido: avanzar es casi imposible. Y, además, para moverte debes realizar el doble del esfuerzo necesario. ¡Es desgastante, desestimulante! Pero no termina ahí: también es injusto porque no se distingue el contenido de valor del que es simplemente basura; no distingue, tampoco, entre el contenido real y la copia de la copia.

En cambio, se premia lo vulgar, lo polémico, lo grotesco; se lo destaca hasta convertirlo en viral, mientras que el contenido de valor es castigado de múltiples formas (en todas las plataformas digitales). Probablemente esta es la razón por la cual tantas marcas (empresas y personas) que están en capacidad de compartir contenido de valor eligen irse por el atajo.

Esa, no sobra aclararlo, no es una opción para mí. Prefiero ser invisible, prefiero que mi alcance orgánico sea precario y mantenerme fiel a mis principios y valores. Personales y profesionales. El de traicionarme es un camino que no tomaré: elijo seguir en la batalla. Busco alternativas, intento nuevas fórmulas y, algo importante: procuro corregir las equivocaciones.

¿Por ejemplo? Asumir que las audiencias buscan aprender o, dicho de otra forma, educarse. Así fue hasta hace unos años: las personas estaban dispuestas a pagar a los profesionales en internet a cambio del conocimiento requerido para crecer. Como personas y profesionales. Había un interés genuino por aprovechar la oportunidad que brindaba el mercado.

Sin embargo, como el algoritmo, como las condiciones de visibilidad a partir de la irrupción de la inteligencia artificial, el interés del mercado también cambió. Quizás tú, que consumes este contenido, cambiaste y no te has dado cuenta. ¿Cómo? La gente ya no quiere aprender. Lo que la mueve, lo que le interesa, es producir resultados, conseguir resultados satisfactorios.

Ah, y tan rápidos y efectivos como sea posible. Por eso, aunque hagas tu mejor esfuerzo, aunque tu producto o servicio sea excelente, aunque estés en capacidad de producir resultados satisfactorios a mediano o largo plazo, ya nadie quiere aprender. Es decir, las personas quieren evitarse el proceso, el tiempo y el esfuerzo que este implica e incorpora.

Entonces, no tiene sentido desgastarse en la tarea de intentar enseñar. Y para que no sea una frustración, recuerdo algo que aprendí hace muchos años con un entrenador de fútbol: “no puedes enseñarle nada a alguien que no está dispuesto a aprender”. En pocas palabras, eso significa que es necesario cambiar la vieja estrategia de enseñar por la de transformar.

Moraleja

Este es el mensaje que quiero que grabes en tu mente (posa el 'mouse' para seguir)
Competir con toneladas de contenido basura y de publicidad invasiva, abusiva y agresiva es desgastante, desestimulante. Sin embargo, siempre hay un camino para aportarles valor a otros, para ayudarlos a transformar su vida.

Más allá de los caprichos del algoritmo y de la tiranía de la IA en las búsquedas (un fenómeno que quizás más adelante sea positivo), hay que cambiar la mentalidad. Los contenidos, aun los de calidad, los que aportan valor, son invisibles porque nadie ve en ellos lo que está buscando. ¿Entiendes? No aprendizaje, no conocimiento, no fórmulas, sino resultados, transformación.

Es romper un paradigma y proporcionales a las personas lo que realmente quieren, necesitan y están dispuestas a consumir (es decir, a pagar por ello). Te confieso que no fue fácil aceptar esta situación y entender que debía cambiar el modus operandi de mi trabajo para cumplir con el propósito de servirte y ayudarte. El fruto de esa reflexión es este contenido que te comparto.

El contexto: los hechos sufridos durante la pandemia provocada por el COVID-19 y otros sucesos más nos han demostrado que somos vulnerables. Más que en lo físico o en lo material, en lo mental. Somos conscientes de que, como dice Juanes, “la vida es un ratico”. Y no solo eso: en virtud de la vulnerabilidad, estamos expuestos a llegar pronto al final del viaje.

Ya sabemos que nuestro tiempo es limitado y, quizás por eso, la idea del proceso no nos cae bien. La premisa es evitarlo, pero obtener los mismos resultados esperados, requeridos. Esto nos obliga a los creadores de contenido a cambiar el modo en que realizamos nuestro trabajo para que sea visible, para que no se pierda entre la pornobasura que abunda dentro y fuera de internet.

Además, estamos expuestos al bombardeo mediático que nos roba la atención. Esas son las razones por las cuales cuesta tanto conectar con las emociones de otros. Es también el motivo por el que los creadores de contenido tenemos que cambiar la forma en que producimos. La realidad es que lo que antes funcionaba de maravilla hoy, tristemente, pasa inadvertido.

Y, por supuesto, no tiene sentido ir contra la corriente. El camino al éxito está sembrado de pequeñas semillas de humildad. Si en realidad tu intención es servir y ayudar a otros, aprovechar el tesoro de los dones y talentos que te regaló la vida, te invito a que pruebes la siguiente estructura (no es un libreto, no es una fórmula) que a mí me ha dado resultados.

1.– Directo al grano: qué resultado obtuviste
Nada de rodeos, nada de expectativas falsas, nada de adivinanzas… Recuerda que el único objetivo, en esos primeros segundos, es capturar la atención de quien ve tu contenido. ¿La clave? No te limites a soltar un dato en procura del escándalo: cuenta cómo lo viviste, sé auténtico y revela tus emociones, así como la encrucijada a la que te enfrentaste

2.– Humano conecta con humano
No caigas en el error de permitir que la inteligencia artificial (cualquier herramienta) hago algo que tú haces mejor. Desvela tus sentimientos, tus sensaciones, tus miedos, y verás cómo la respuesta es positiva. Olvídate de las frases cliché, de los prompts perfectos y deja que salga de ti, de tu corazón, ese mensaje poderoso que mueve las fibras de otras personas

3.– Sé preciso al hablar del resultado
Utiliza números concretos y, sobre todo, reales, ¡creíbles! Algunas personas pueden ser ingenuas, pero no son tontas. Recuerda que el peor error que puedes cometer es prometer lo que no vas a cumplir, o lo que no sabes si dará resultados. Significa no generar expectativas irreales que destruyan tu credibilidad y provoquen el efecto contrario al que esperas

4.– Habla en primera persona
Una vez logras conectar con esa persona a la que puedes ayudar, que requiere lo que tú ofreces, ¡no la dejes escapar! Ábrele tu corazón de par en par, sin límites, sin artimañas. Revela cómo fue tu proceso (el dolor, la aceptación, la búsqueda, el descubrimiento, la solución). Haz de cuenta que es una conversación privada: habla como si fueran amigos de toda la vida

5.– No olvides la moraleja
Una historia sin moraleja nunca termina de cerrar el círculo. Por ende, quedan cabos sueltos que se manifiestan en múltiples interrogantes, dudas, objeciones. Debe ser un mensaje claro, sencillo, útil, práctico, efectivo, de inmediata aplicación. Un mensaje que, además, quede grabado en la mente de esa persona y la invite a compartirlo con amigos, familiares y otros

Como ves, es algo sencillo. Quizás las primeras dos o tres veces se te antoje complejo, pero no olvides que “la práctica hace al maestro”. Ya no solo se trata de compartir valor, de aportar conocimiento o de promocionarte como la solución ideal. Esto ya no es suficiente, entre otras razones porque todo el mundo hace lo mismo en un mercado en el que sobra los clichés.

La historia, por sí misma, también ha perdido efecto. El storytelling, tristemente, es una de las víctimas de la infoxicación, lo han prostituido y la realidad es que el mercado duda de sus superpoderes. La conexión, mientras, carecerá de sentido si te limitas a proporcionar información (cómo se hace): es imprescindible que entres en el terreno de la transformación.

La pandemia no solo nos dejó cicatrices y recuerdos dolorosos. También nos enseño que necesitamos los unos de los otros o, de otra forma, que estamos aquí con el objetivo expreso de ayudarnos los unos a los otros. Hay mil y una formas de hacerlo y seguro, a partir de tus dones y talentos, alguna que te permitirá cumplir con tu propósito y sentirte feliz.

Ese proceso, créeme, es una historia digna de contar, de compartir…

Categorías
General

¿Cuánto de ti, de tu experiencia, debe haber en tus textos?

Una de las razones por las que a tantas personas les resulta difícil escribir es porque les cuesta tomar decisiones. No importa si son escritores profesionales o aficionados, si escriben un reporte para la junta directiva de su empresa, un ensayo o un libro. No importa si son novatos o, más bien, experimentados que publicaron anteriormente. No importa: todos estamos expuestos al riesgo.

¿Cuál riesgo? El de tomar las decisiones equivocadas. Escribir es una habilidad incorporada en todos los seres humanos, pero solo unos cuantos nos damos a la tarea de desarrollarla, de potenciarla, de sacarle el máximo provecho. Que, por supuesto, no significa ser un escritor profesional, sino estar en capacidad de transmitir un mensaje poderoso que cause impacto.

Una habilidad que, valga recalcarlo, no vale por sí misma, no es suficiente. Es como aprender a montar en bicicleta, a cocinar, a pintar, a cantar o a bailar: todos, absolutamente todos, podemos hacerlo. Algunos, con gran maestría; otros, apenas para divertirnos y pasar un rato agradable. ¿De qué depende? De cuánto trabajemos en desarrollar esa habilidad y de cómo la rodeemos.

Por supuesto, cada habilidad significa un nivel de aprendizaje distinto al del resto. Por ejemplo, aprender a montar en bicicleta puede tomarte tan solo unos minutos, quizás un par de horas. Cuando ya puedes mantener el equilibrio y la coordinación, estás listo para comenzar la aventura de pedalear, de sentir el golpe de la brisa en tu cara, de llevar tu cuerpo al límite del esfuerzo.

Ahora, si quieres ser un ciclista siquiera recreativo, necesitas complementar con una rutina de ejercicios que te permitan fortalecer los músculos y una de estiramientos para evitar dolores y lesiones. Así mismo, debes aprender a hidratarte adecuadamente y no puedes descuidar la alimentación. También es importante que descanses bien y procures no fumar o beber alcohol.

¿Entiendes? No es solo comprar la mejor bicicleta del mercado y salir a pedalear. De esa forma, pones en riesgo tu salud y, entonces, consigues el efecto contrario al esperado. Otro aspecto que es bueno considerar es cuáles son tus expectativas: cuanto más altas sean, más habilidades debes desarrollar, más tiempo debes dedicar, más esfuerzo debes realizar. Si no, jamás las alcanzarás.

Como ves, son diversas las decisiones que debes adoptar. De cuán acertadas sean estas dependerá el resultado que obtengas. Esa, créeme, es una ley de la vida, una premisa que se aplica a todas las actividades que emprendemos. Una de ellas, por supuesto, la de escribir. Decidir bien, tomar las adecuadas para cada momento, es una habilidad de los buenos escritores, ¿lo sabías?

Decisiones que a veces son simples y que a veces son complicadas. Decisiones que marcan el rumbo y, sobre todo, el impacto de tu texto. Esto es válido para periodismo, literatura o alguna otra área. La decisiones, además, están estrechamente relacionadas tanto con el conocimiento del tema que nos ocupa como con el criterio, una cualidad que lamentablemente no abunda por ahí.

¿Qué es el criterio? De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, “juicio o discernimiento”. A su vez, juicio es la “Facultad por la que el ser humano puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso”, el “Estado de sana razón opuesto a locura o delirio”, la “Acción y efecto de juzgar” y la “Cordura o sensatez”. Y discernimiento es “Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas”.

En otras palabras, el criterio es (debería ser) tu mejor aliado a la hora de tomar decisiones cuando vas a escribir. Ahora, la mejor forma de poner en práctica el criterio, de tomar buenas decisiones, es partir no de las certezas o de las afirmaciones, (como hace casi todo el mundo), sino de la duda, de la incertidumbre. Eso significa que debes partir de una serie de preguntas que de ten luz.

Por ejemplo, ¿cómo se llamará mi protagonista? ¿Cuál es el asunto sobre el que girará mi historia? ¿Cuál es el contexto en el que esta se desarrollará? ¿Cómo será el antagonista? ¿Quiénes serán los otros actores de tu historia? ¿Cuál es el conflicto principal que se desarrollará? ¿Cuál será el punto bisagra, el antes y después de la historia? ¿Cuál será la moraleja, en mensaje que vas a transmitir?

CGCopywriter

Estas y otras más son preguntas que cualquier persona, no solo un escritor profesional, debería formularse y responder antes de sentarse frente al computador a escribir. De hecho, la información que surge de esas respuestas le ayudará a darle forma a su historia, a establecer la estructura. Y, seguro ya lo sabes (si no, te recomiendo que leas esto), la estructura es la clave del éxito.

Una de las preguntas más importantes, una de las decisiones de mayor peso, es aquella de determinar qué tanto de ti vas a incorporar en tu texto. Lo primero que puedo decirte es que no hay una medida ideal o una fórmula perfecta. Es potestad de cada autor. Tampoco se trata de buscar un equilibrio, porque no solo es una tarea harto difícil, sino que a veces no es bueno.

Lo que me interesa es que comprendas que, a diferencia de lo que puedas leer o escuchar por ahí, siempre (¿SIEMPRE!) tiene que haber parte de ti en tu texto. De hecho, quizás no lo sabías, es eso, justamente, lo que lo hace diferente y único: tu visión de la situación que abordas, lo que piensas acerca de ella y, en especial, tus experiencias, lo que has vivido, las lecciones que aprendiste.

Aunque quieras, aunque hagas tu mayor esfuerzo, es imposible escribir al ciento por ciento basados en la realidad. Nadie, absolutamente nadie, lo puede hacer. Siempre, absolutamente siempre, tus textos tendrán algo de ti, mucho de ti. Cuánto, por supuesto, es tu decisión. Lo que sí debes tener en cuenta es que a casi nadie le interesará que el texto exprese tan solo tu versión.

Sin embargo, dado que se supone que escribes de un tema del que posees un nivel de conocimiento superior al promedio, y entonces estás en capacidad de ayudar o enseñar a otros, tu aporte, el aprendizaje surgido de tus errores y experiencias, es valioso. Pero, no te puedes quedar en eso. ¿Por qué? Porque si solo escribes de lo que has vivido, de tus experiencias, el tema se agotará.

Es, entonces, el momento del criterio, de tomar buenas decisiones: hasta dónde aportas desde tu experiencia y cuándo comienzas a partir de tu conocimiento y, por supuesto, de la otra fuente de valiosa información: la realidad externa, que es muy importante. Salvo que seas especialista en ciencia ficción, tus textos deben incorporar tanto tu visión como tu mirada al mundo real.

Ahora, es conveniente hacer hincapié en algo fundamental: cuando te digo que escribir a partir de tus experiencias no significa que te limites a tus vivencias, a los sucesos que te ocurrieron. De lo que se trata es de aportar tus reflexiones, tus aprendizajes, que han sido enriquecidos también por las experiencias de otros, lo que otros te enseñaron, así como de lo que leíste acerca del tema.

Cuando decides escribir, asumes un rol fascinante, apasionante: abordar el tema en perspectiva, como si estuvieras fuera del planeta, en el espacio, como si fueras un dios. Ves, percibes, vives, aprendes, incorporas, experimentas; mezclas lo tuyo con lo ajeno, el pasado con el presente (y, claro, con el futuro). Escribir, de muchas formas, es como armar un gran rompecabezas.

Tomar distancia de la realidad (el presente) y mezclarla adecuadamente con el pasado (lo que has vivido, tus experiencias, tu conocimiento, lo que otros te enseñaron) es la fórmula para lograr un impacto con tus textos. Por supuesto, también debes echar mano de tus emociones, que son un ingrediente indispensable, pero sin permitir que se desborden, que tomen el control.

Tu mundo interior, la riqueza que hay en él (tus valores, tus principios, tus dones y talentos, tu pasión y tu propósito) son fundamentales a la hora de escribir. También, lo que sucede a tu alrededor, lo que lee y ves, lo que aprendes de otros, tus reflexiones y pensamientos. La clave, no lo olvides, está en encontrar la justa medida para que tu texto sea interesante y valioso para tus lectores.

CGCopywriter