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¿Eres otra de tantas estrellas fugaces o una verdadera marca?

En la era de la sobreexposición, que tristemente ha derivado en la infoxicación, irónicamente son muchas las personas valiosas que reniegan de su marca, que no aprovechan su mensaje. Es decir, mientras la pornobasura pulula, nos contamina desde distintos frentes, los que en verdad pueden aportar valor con su conocimiento prefieren mantenerse al margen.

Nunca antes, en la historia de la humanidad, el ser humano disfrutó de tantas facilidades y, en especial, de tantas herramientas poderosas y canales para comunicarse. Basta contar con un dispositivo (computador, tableta o celular) y una conexión a internet para gozar de los beneficios. Que, no sobra recalcarlo, son ilimitados si tú mismo no les cortas las alas.

Y no solo eso: la mayoría son gratuitos y cualquier persona, prácticamente sin excepción, puede aprovecharlos, utilizarlos. Una realidad que el estudio Global Digital Report, de las consultoras We are social y Meltwater, respalda con cifras: el 69,4 % de los más de 8.100 millones de personas que habitan el planeta tienen al menos una línea de celular.

Son algo más de 5.600 millones de personas. Además, el 66,2 % de los seres humanos (5.350 millones) utiliza internet. Más sorprendente aún es que el 97,8 % de la población de la Tierra entre los 16 y los 64 años tiene al menos un teléfono celular. Y algo más: en promedio, cada persona pasa 6 h 40 m del día conectado a internet, ocupado en distintas actividades.

Repito: hoy, cualquiera tiene voz en internet, de ahí que nos hayan invadido los tales influencers y los mal llamados creadores de contenidos, que en esencia solo son patéticos payasitos que satisfacen los bajos instintos de algunos. Por supuesto, y por fortuna, también hay muchos verdaderos creadores de contenido de calidad y valor en el ecosistema digital.

Lo que la mayoría no sabe es que internet es una inmensa jungla infestada por las peores especies. Hambrientos y voraces depredadores, pirañas, tiburones y muchas otras más que están a la caza de su presa. Por eso, los tales influencers son estrellas fugaces que, como se dice en Colombia, suben como palma y caen como coco. Surgen, brillan y desaparecen.

Lo peor es que ninguno deja algo de valor, algo por lo que valga la pena recordarlo. Y, mucho menos, un legado. A mi juicio, eso nos ofrece dos miradas. La primera, la negativa: internet se llenó de especies tóxicas que cultivan y propagan la desinformación, que solo hacen ruido. La segunda, la positiva, hay una oportunidad, una gran oportunidad, para todos los demás.

Es decir, para quienes creamos y compartimos contenido de valor destinado a informar, educar, entretener e inspirar (nutrir) a otros. Que somos muchos, por cierto, aunque solo una minoría de ese gigantesco ecosistema digital. Y lo mejor, ¿sabes qué es lo mejor? Que hay espacio para más, para tantos como se atrevan a compartir su conocimiento con otros.

En los últimos años, de hecho, miles de personas han cerrado la puerta del ámbito laboral convencional (de 9 a 5 por cinco días a la semana) para abrir la del universo digital. Bien sea porque las circunstancias las forzaron o porque así lo decidieron, muchas se atrevieron a probar suerte en internet. ¿El resultado? Bastante menos satisfactorio de lo esperado.

¿Por qué? Tristemente, muchas de esas personas llegaron a internet sin conocer cuáles son las características del ecosistema digital y fueron devoradas por los depredadores. O, quizás, pensaron que podían replicar lo que hacía en el ámbito corporativo y se estrellaron contra una realidad que les enseñó, a las malas, que las reglas del juego digital son distintas.

Otras más, muchas, se comieron el cuento de que “en internet es fácil ganar dinero” o, de otra forma, el bulo de que “en internet te puedes hacer millonario de la noche a la mañana”. Y, no, no es cierto. Internet no es un casino o un polígono para practicar tiro al blanco. Y si fuera tan fácil ser millonario en internet, todos los que llevamos tiempo allí lo seríamos.

Ahora, es posible que te preguntes si es posible ganar dinero en internet. La respuesta es un SÍ en mayúsculas. Eso, sin embargo, no significa que vas a ser millonario porque el resultado depende de varios factores: tu conocimiento, tu estrategia, tu visibilidad, tu posicionamiento y, en especial, el valor que estás en capacidad de aportar para solucionar los problemas de otros.

Demos unos pasos atrás: unos párrafos antes, te decía que los influencers y los mal llamados creadores de contenido, los payasitos, son estrellas fugaces que surgen, brillan y no tardan en desaparecer. ¿La razón? La acabo de mencionar. Es la combinación de conocimiento, estrategia, visibilidad, posicionamiento y el valor que aportar. ¿En una palabra? Tu MARCA.

En internet, las empresas, negocios, emprendedores o profesionales independientes que perduran, que dejan huella, que generan un impacto positivo, que inspiran, son aquellos que son una MARCA (personal o empresarial). Es decir, son las que tienen la respuesta adecuada a la pregunta clave, aquella de “¿Qué tengo yo, qué soy yo, que pueda ayudar a otros?”.

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Lo primero que hay que decir acerca de la MARCA es que NO se construye ni se crea. Por eso, ten cuidado porque en internet hay mucho vendehúmo que promete crearte una marca poderosa. La realidad es que la MARCA ya está, es parte de ti desde el día en que saliste del vientre de tu madre y llegaste a este mundo. Y la has alimentado, la has enriquecido, día a día.

En palabras simples, la MARCA es la forma en que los demás nos perciben, lo que piensan de nosotros. O, dicho con otras palabras, la huella que has dejado en la vida de otros. Para unos, positiva; para otros, negativa. Y está bien, porque tener una MARCA no significa caerle bien a todo el mundo, como tampoco es ser simpático con todo el mundo. ¡Eso es cordial hipocresía!

La MARCA es todo aquello que haces, y lo que no haces; lo que comunicas, y lo que no comunicas; lo que te hace distinto y único (principios, valores, creencias, pensamientos, miedos; tu conocimiento, experiencias y sueños) y, no lo olvides, la forma como comunicas eso a otros, a los demás. Por eso, justamente, nadie puede crear tu marca, o construirla.

La MARCA eres tú y dejarás de serlo el día en que te vayas de este mundo. Sin embargo, si has hecho bien la tarea, si dejaste huella en la vida de otros, tu MARCA permanecerá en el corazón de otros, de aquellos a los que impactaste de forma positiva. Seth Godin, autor de varios libros, afirma que “marca es lo que otros dicen de ti cuando no estás presente”.

Si te olvidan fácilmente, rápidamente, es porque tu MARCA es débil. En cambio, si eres una persona generosa que comparte su conocimiento y experiencia con otras; que las informa, educa, entretiene e inspira, serás una MARCA poderosa, de esas difíciles de olvidar. Piensa, por ejemplo, en John Lennon, Freddy Mercury,  Gabo o la madre Teresa de Calcuta.

Un ejemplo que ilustra a la perfección el poder de una verdadera MARCA es la música. Nino Bravo fue un talentoso cantante español que murió en 1973 en un accidente automovilístico. Hoy, medio siglo después, sus canciones aún se escuchan, inclusive entre los más jóvenes. Y lo mismo sucede con Pedro Vargas, Juan Gabriel, Rocío Dúrcal, Pedro Infante o Carlos Gardel.

Su música, su MARCA, los hizo inmortales. ¿Entiendes? Y no es que esas canciones les gusten a todos, pero sí son millones las personas que hoy se deleitan escuchándolas. Y no solo eso: muchas personas recuerdan con melancolía anécdotas surgidas alrededor de esas canciones o cantantes, momentos de su vida que significaron algo (positivo o negativo).

De nuevo, rebobinemos un poco: nunca antes, en la historia de la humanidad, el ser humano dispuso de tantas y tan poderosas herramientas y recursos como las que disfruta hoy. Y, no sobra decirlo, el internet de hoy es de otro mundo, en comparación con el de hace 5-10 años. Y, por si esto fuera poco, apenas vemos la punta del iceberg de la inteligencia artificial.

Con frecuencia, en varias comunidades de las cuales soy miembro, conozco a personas que sueñan con “vivir de internet”, que se ha convertido en el nuevo sueño americano. Personas que acumulan experiencias valiosas, que acreditan conocimiento y quieren transmitirlo a otros. Y se lanzan a la aventura, pero tristemente terminan como carnada de los tiburones.

¿Por qué? Porque no son una MARCA, porque están convencidas de que con un buen pitch de ventas, un discurso escrito por ChatGPT y una interpretación histriónica (del estilo de los patéticos influencers) es suficiente. Eventualmente, algunos logran un impacto, pero no pasa mucho tiempo antes de que el mercado los olvide y se vaya con el nuevo objeto brillante.

Piénsalo de la siguiente manera: ¿qué pasaría con tus hijos si un día te vas de la casa y los dejas abandonados? ¿Si nunca los vuelves a llamar el día de su cumpleaños? ¿Si no los consuelas cuando están tristes? ¿Si no los animas cuando están en problemas? ¿Qué pasaría? La respuesta es simple: te olvidarán o, peor, guardarán un recuerdo negativo de ti.

¿Qué tengo yo, qué soy yo, que pueda ayudar a otros?. Esa es la pregunta que debes formularte todos los días para que te oriente en esa titánica y apasionante aventura de ser una MARCA. La clave está en enfocarte en construir tu mejor versión: aprender más de más temas, desarrollar nuevas habilidades, establecer nuevos vínculos, impactar a más personas.

Moraleja: si quieres trascender, si en realidad tu propósito de vida es dejar un legado, entonces, concéntrate en ser una MARCA verdadera. Olvídate de las redes sociales, de la web, de la inteligencia artificial: son solo herramientas que te ayudarán, pero la esencia, lo que es realmente importante y valioso, está en ti. Y solo tú puedes descubrirlo y aprovecharlo.

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El mundo clama por bienestar y tú puedes brindarlo con tu mensaje

Una de las premisas de las estrategias de marketing, desde siempre, es aquella de apuntar al dolor de tu cliente potencial para activar la acción que tú esperas: la compra. Sin embargo, no solo se aplica en el mundo de los negocios con la intención de vender, sino que también es útil en la vida diaria. La diferencia es que en muchos ámbitos es algo inconsciente.

¿Por ejemplo? Cuando hablas con tu hijo pequeño y le adviertes sobre el riesgo de molestar al perro del vecino. “Te va a morder”, le avisas. “Me vas a meter en un problema y te voy a castigar”, agregas. O cuando vas al médico y este te informa que debes cambiar tus hábitos, mejorar la alimentación y dejar el sedentarismo, so pena de sufrir una enfermedad grave.

El dolor, que no es más que una manifestación del miedo, una de las dos emociones que existen (la otra es el amor), sirve para que el cerebro prenda las alarmas y nos incite a tomar las acciones necesarias para evitar un desenlace negativo. Pero quizás ya sabes cuál es el final: el perro, un día cualquiera, muerde a tu hijo y tú no cambias tus hábitos y te enfermas…

El problema es que la fórmula del dolor, de exacerbar el dolor, tal y como la utilizamos desde siempre, se agotó. O, al menos, perdió una buena dosis de sus superpoderes. ¿A qué me refiero? A que es menos efectivo para inducir la acción que esperamos de nuestros clientes potenciales. Lo peor es que, cada vez más, el efecto que produce es contrario al esperado.

Son múltiples las razones y, si bien no se puede generalizar, hay una opción que es irrefutable. ¿Sabes cuál? Los seres humanos, todos, nos cansamos de sufrir, de padecer el dolor en cualquiera de sus formas, de sus manifestaciones; en cualquiera de los ámbitos de la vida. Una realidad que es mucho más consciente después de los últimos eventos trágicos.

Por ejemplo, la pandemia provocada por el COVID-19, que a todos, sin excepción, nos golpeó de mil y una formas. Y lo hizo sin piedad. No solo nos afectó la salud, sino que por cuenta de las restricciones impuestas nos puso la vida patas arriba y nos llevó a experimentar niveles de dolor, de miedo y de incertidumbre que jamás habíamos imaginado. Fue algo terrible.

Una circunstancia negativa y dolorosa que, como todo en la vida, incorporaba una lección positiva. Si bien cada caso es particular, cada persona vivió su proceso de una manera distinta, la realidad es que para la mayoría cambiaron las prioridades. O, si lo prefieres así, a muchos les sirvió como el último empujoncito que necesitaban para cambiar sus hábitos.

Hoy, en general, se nota un interés genuino por alcanzar mayor bienestar. El diccionario define este término como “Conjunto de cosas necesarias para vivir bien” o “Vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad”. Y nos ofrece sinónimos como comodidad, confort, abundancia, riqueza, fortuna, paz, convivencia y felicidad.

Lo que todos anhelamos, ¿cierto? Y no solo ahora, después de la pandemia, sino desde antes. El problema, porque ya sabes que siempre hay un problema, es que antes lo dábamos como un hecho, como algo que nos merecíamos, mientras que ahora se trata de un objetivo consciente que, tal y como la vida nos lo enseñó, debemos construir, debemos encontrar.

¿La clave? La forma en que te comunicas con tu cerebro, contigo mismo, porque será lo que determinará la forma en que te comunicas con otros, con el mundo exterior. Dicho de otra manera, “cosecharás aquello que siembres”. O ese bienestar que anhelas, que hoy es una prioridad, depende de la información que consumes, de las personas con las que interactúas.

“Cómo nos hablamos a nosotros mismos en la intimidad de la mente puede herir o sanar, e incluso podríamos decir que nuestra calidad de vida depende en gran medida del grado de cordialidad con el que nos tratamos. Esta es lo que la periodista, docente universitaria e instructora de yoga y mindfulness Natalia Martín Cantero estableció en sus investigaciones.

Y es uno de los aprendizajes más valiosos de su libro Piensa bien y acertarás. Sin embargo, no es la única que apuesta por el bienestar. Recientemente, en su blog, Hotmart, la plataforma digital más importante del mercado hispano para emprendedores e infoproductores, publicó dos artículos relacionados con los nichos en alza, por un lado, y los cursos más vendidos, por otro.

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¿Cuáles son esos nichos?

1.- Negocios y carrera, entendido como los contenidos de formación profesional destinados a las personas que desean abrir un negocio o mejorar los resultados en el que ya tienen

2.- Desarrollo personal, a través del cual se busca potenciar todo lo que la vida nos da para crear nuestra mejor versión. Se aplica tanto al ámbito personal como al laboral

3.- Educación, entendida como la variedad de contenidos que nos permiten aprender de cualquier tema, como idiomas, gastronomía, música o, inclusive, una carrera universitaria

4.- Culinaria y gastronomía, que aunque te sorprenda son los cursos más vendidos en Hotmart. Por supuesto, los que están relacionados con comida sana, hábitos saludables

5.- Salud y deportes, quizás el nicho que más ha crecido en los últimos años, desde que se instaló a finales de los 90 el culto al cuerpo y a la salud. Incluye yoga, mindfulness y otros

6.- Espiritualidad, porque lo que nuestro cuerpo refleja en el exterior es el resultado de cómo se encuentra su interior, en especial, su mente. Incorpora terapias naturales y meditación

7.- Moda y belleza, porque una de las necesidades del ser humano es sentirse bien y, sobre todo, verse bien para recibir la aprobación de otros. Relacionado con el cuidado personal

8.- Marketing digital, porque cada vez son más las personas que llegan al universo digital y necesitan aprender cómo construir una marca y, en especial, el arte de las ventas

9.- Finanzas, dado que la libertad financiera es uno de los anhelos hoy, y no solo entre los jóvenes. Hay que aprender a producir ingresos y, sobre todo, a gestionarlos adecuadamente

10.- Aprovechamiento de la tecnología generativa, en especial, la inteligencia artificial. Cada día que pase sin que aprendas de ella es una oportunidad perdida que luego lamentarás

¿Moraleja? En un mundo cambiante, en un escenario desafiante, el mensaje o la creación de contenidos a partir de tu conocimiento, experiencia y pasión es la mejor herramienta de la que dispones. Y lo mejor, ¿sabes qué es lo mejor? Que a través de esos mensajes, de esos contenidos, puedes transmitir el bienestar que otros requieren y buscan con desesperación.

Hotmart nos comparte el caso de la brasileña Priscila Heimer, que durante años se dedicó a lo que había estudiado: cine y publicidad. Viajó por el mundo, vivió en países como Portugal, Alemania y España, pero en algún momento se dio cuenta de que había algo que le faltaba. Quería crear algo propio y, sobre todo, cambiar la vida de las personas a través de su pasión: la culinaria.

Asistió a un congreso virtual, en el que aprendió cómo podía transmitir ese conocimiento valioso que poseía y lanzó varios infoproductos relacionados con la alimentación sana. En un mes captó 6.000 prospectos y comenzó un negocio lucrativo de alto impacto. Creó un congreso en línea llamado Conlasalud, en el que reunió a 21 expertos. ¡Fue un gran éxito!

Otro caso es el de Luis Carlos Flores, a quien probablemente conozcas por la Fórmula de Lanzamientos, una estrategia de marketing que fue creada por Jeff Walker, un gurú de los negocios. Se unió con su esposa Gaby González, creadora de Niños de ahora, la comunidad de padres más grande de Latinoamérica. Juntos desarrollaron el método Paternidad Efectiva.

Se trata de una metodología de crianza, apalancada en especialidades como sicología, sicoterapia, neurosicología, Gestalt y pedagogía Montessori, entre otras. En tan solo dos años lograron reunir una comunidad de 2,5 millones de personas que ahora disfrutan la difícil experiencia de ser padres. Una curiosidad: Paternidad Efectiva se gestó durante la pandemia.

Como ves, lo que se impone, lo que el mercado requiere y busca, es contenido de valor relacionado con el bienestar en todas sus manifestaciones. La razón es muy sencilla: no solo que la vida no es fácil, sino que además nadie llega con el libreto aprendido. De lo que se trata, entonces, es de aprender de aquellos que ya pasaron por lo mismo y salieron airosos.

¿Eres uno de ellos en tu campo de conocimiento y experiencia? Programación, diseño, música y ciencia de datos son otros nichos de éxito en Hotmart. Es decir, el espectro de posibilidades es prácticamente ilimitado, tanto como lo sean tu imaginación, creatividad, pasión y vocación de servicio. Y, créeme, hay muchos que necesitan lo que sabes y posees.

Recapitulemos: todos, absolutamente todos, estamos cansados del dolor, de sufrir. Además, nos basta con la realidad que puede y suele ser agobiante, angustiante, histérica, estresante, desafiante. En ese día a día, buscamos un oasis, algo positivo, constructivo y, en especial, algo inspirador que nos brinde el bienestar que anhelamos en todos los ámbitos de la vida.

Todos, así mismo, soñamos con dejarle un legado al mundo, con marcar una huella que nos haga inolvidables. Qué mejor que servir a otros, ayudarlos no solo a solucionar su problema, a acabar con su dolor, sino especialmente a disfrutar de bienestar. Tú puedes hacerlo, créeme, y en tu mensaje, en el contenido que puedes crear, tienes a tu mejor aliado.

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El secreto del éxito de Starbucks: ‘detrás de cada historia hay un café’

Una de las premisas útiles de la vida, en cualquier actividad, es aquella de seguir la estela marcada por quienes están donde tú quieres estar o, de otra forma, dejaron huella y nos señalaron cuál es el camino que debemos recorrer. Se trata de acortar la curva de aprendizaje y, en especial, de evitar los errores frecuentes. Ah, claro, de replicar los aciertos.

Cada día, sin excepción, a través de múltiples medios nos enteramos de marcas, tanto de las empresariales como de las personales, que facturan millonarias cifras a partir del contenido que comparten. Cifras que, por supuesto, a todos nos gustaría ganar. Sin embargo, no es tan sencillo como pararse frente a una cámara, grabar un video y publicarlo en redes sociales.

En efecto, no se trata de imitar a los patéticos influenciadores que bailan, payasean y hacen el ridículo para, al final, no transmitir ningún mensaje. O, peor, los que se aprenden un libreto y, también con sobredosis de histrionismo, nos quieren vender la pócima de la felicidad, la pomada de la eterna juventud o el abecé para convertirte en millonario en 24 horas…

Se trata de estrellas fugaces, de poco brillo, que se esfuman en un dos por tres. Quizás haya alguno que gane dinero, pero ya sabes la premisa: “lo que por agua viene, por agua se va”. Y no son un modelo que debas imitar, porque corres el riesgo de transformarte en otra más de las especies tóxicas que abundan en el ecosistema digital y son devoradas por depredadores.

En cambio, si miras para otro lado, para el lado de las estrategias consistentes, te vas a encontrar con ejemplos dignos de imitar. Uno de ellos, el de Starbucks. Sí, la famosa marca fabricante de café surgida en 1971 en Seattle (EE. UU.). Hoy, tiene más de 35.000 tiendas en 80 países y es referente no solo de la industria del café, sino de la creación de contenidos.

Al punto que acaba de anunciar la creación de Starbucks Studios. ¿Sabes qué es? Lo promociona como “un estudio de producción propio”, al mejor estilo de Hollywood. ¿Cuál es el objetivo? Crear contenido de entretenimiento, para generar recordación de marca y fidelizar a sus clientes en todo el mundo, a través de historias propias. Genial, ¿cierto?

“Detrás de cada café hay una historia” es el lema de la compañía. Y, quién lo duda: un buen café, oscuro y caliente (o como lo prefieras) es la mejor compañía cuando estás con quienes más quieres, familia y amigos, compañeros de trabajo o, inclusive, una compañía ocasional. O, también, cuando estás solo, en casa, en una tarde lluviosa y fría: nada mejor que un café…

Según el comunicado emitido por la empresa, “la iniciativa responde a la creencia en el poder de la creatividad y la narración de historias para fomentar la conexión y las conversaciones humanas. Fíjate que no se trata de intentar vender, de hablar de la marca o de simplemente hacer presencia en las redes sociales o algún otro canal digital.

¿Entonces? Lo que hay detrás es una estrategia, con un mensaje subliminal muy bien manejado, destinado a crear el ambiente propicio para que los amantes del café, que además sean clientes de Starbucks, consuman la bebida. ¡Genial! No dice que venden el mejor café del mundo, o que tienen tantos seguidores en RR SS; todo eso es irrelevante.

Para llevar a cabo su objetivo, Starbucks estableció una alianza con Sugar23, una empresa de producción multimedia y gestión de talento creativo. Otra lección subliminal poderosa: tú enfócate en lo que sabes, en aquello de lo que res experto, y para otras tareas asóciate con quien lo haga muy bien y mucho mejor que tú. Es la sinergia a través de la unión de fortalezas.

Y no es publicar por publicar, hacer ruido, la trampa en la que han caído tantos. “La intención del estudio de nueva creación es atraer talento de la industria audiovisual para generar contenido de entretenimiento prémium”, asegura. Y hay más: El objetivo es crear historias juntos para unir a las personas y generar momentos de deleite”. Será algo extraordinario.

Según Christy Cain, vicepresidenta de marketing de marca de Starbucks, “este proyecto avanza en nuestra misión de fomentar las posibilidades ilimitadas de la conexión humana”. Y agrega: Nos sentimos honrados de tener la oportunidad de arrojar luz sobre las historias y las personas que nos inspiran, aquellas que están generando un impacto positivo en el mundo”.

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Por su parte, Michael Sugar, CEO y fundador de Sugar23, expresó: “La narración de historias está profundamente arraigada en lo que hace Starbucks, y Starbucks Studios es una extensión natural de estos esfuerzos. Juntos, aprovecharemos el poder de la narración para fomentar conexiones, inspirar cambios y construir un sentido de comunidad más fuerte.

Por si no lo sabías, Starbucks incursionó en el increíble mundo de las historias, del storytelling, desde hace años. En 2016, por ejemplo, lanzó la serie Upstanders, a través de la cual reunió las historias de 10 personas anónimas que realizaban acciones de extraordinario impacto en su comunidad. Fue tal el éxito de esta iniciativa, que se extendió dos temporadas.

Más adelante, en 2019, produjo el documental Hingakawa. El objetivo era conmemorar los 25 años del genocidio de Ruanda, una de las más lamentables y vergonzosas matanzas de la historia de la humanidad. Relata la historia de dos mujeres amigas, de etnias distintas, que encontraron coincidencias y afinidades en sus experiencias a partir de la industria del café.

Recientemente, AB InBev, la fábrica de cervezas número uno del mundo (Anheuser-Busch), y el grupo de lujo LVMH (comercializa productos de marcas como Louis Vuitton, Dior, Givenchy y más) también crearon sus propios estudios de producción de contenidos. Sin embargo, no pienses que se trata de una tendencia o de una moda pasajera. Es una estrategia sólida.

Sí, basada en la certeza de que la generación de contenidos especializados, profesionales, que conecten con sus audiencias, es la mejor inversión para las empresas. Netflix, Adobe, Amazon y Apple son algunos otros ejemplos de gigantes del mercado, en distintas industrias, que han hecho del marketing de contenidos el principal aliadopara comunicarse con el mercado.

Lo mejor, ¿sabes qué es lo mejor (al menos, lo que más disfruto)? Que con estas iniciativas se derrumba el mito (la mentira) de que estas grandes empresas venden miles de millones de dólares por la calidad de sus campañas, por el copy de sus avisos, por el poder de sus mensajes. Ciertamente ayudan, y mucho, pero lo que vende, en realidad, es el marketing.

¿A qué me refiero? Contrata al mejor copywriter del mundo, haz uso de la inteligencia artificial y exprime tu cerebro al máximo para crear la mejor campaña posible. ¿Puedes garantizar que venderás miles de millones de dólares? No, por supuesto. Porque sin el respaldo de miles de millones de dólares en publicidad, como estas empresas, no es posible.

Y, por si tienes alguna sospecha, no me contradigo. Lo que quiero es prevenirte para que no caigas en la trampa de creer que solo con la publicación de contenidos, con “el poder del copy”, podrás replicar los resultados de Coca-Cola, Apple y demás gigantes del mercado. Eso, sin embargo, no significa que, en tu escala, no obtengas resultados extraordinarios.

Las empresas (y negocios) medias y pequeñas, así como los emprendedores y profesionales independiente que vivimos de monetizar nuestro conocimiento no disponemos de esos presupuestos astronómicos. Es decir, no tenemos la capacidad de realizar una campaña como la de Starbucks, o crear un estudio de producción de contenido. ¡No es posible!

Lo que sí es posible, y está al alcance de tu mano si sabes cómo hacerlo, si lo haces bien y te asesoras de alguien que te pueda guiar, es conectar con tu audiencia, con tus clientes potenciales, a través de contenido de calidad, de historias poderosas. Más en estos días en los que disponemos de increíbles herramientas y recursos, de bajo precio, que nos ayudan.

El mensaje que te quiero transmitir es que si quieres emular el éxito de empresas como Starbucks y otras más, tienes que modelar (no copiar, porque no puedes hacerlo) lo que ellas hacen y les ayuda a obtener resultados superlativos. Es decir, sin necesidad de montar un estudio de creación de contenidos, tú estás en capacidad de conectar con el mercado.

¿Cómo lograrlo? A través de una estrategia de contenidos. Que, valga mencionarlo, no es publicar por publicar, no es vender con insistencia, no es producir contenidos virales que no producen los efectos deseados. Una estrategia que te permita llegar a las personas a las que, con tu conocimiento y recursos, estés en capacidad de ayudar, a las que puedas servir.

Una adecuada estrategia de contenidos te permitirá alcanzar los siguientes objetivos:

1.- Ser visible, que el mercado sepa quién eres, qué haces, cuáles son tus valores y principios, tu propósito

2.- Posicionarte en la mente de tus clientes potenciales para que te elijan a ti y no a tu competencia

3.- Algo imprescindible: establecer un vínculo de confianza y credibilidad a partir del cual se nutre una relación a largo plazo

4.- Generar el ambiente (como lo hace Starbucks) para que se dé un intercambio de beneficios

5.- Fidelizar a tus clientes, para que sigan a tu lado y te den la oportunidad de ayudarlos más, de servirlos de más formas

Una de las premisas útiles de la vida, en cualquier actividad, es aquella de seguir la estela de quienes dejaron huella y nos señalaron cuál es el camino que debemos recorrer. De esta forma, podrás acortar la curva de aprendizaje y, en especial, evitar los errores frecuentes que nos frenan. Ah, claro, también podrás replicar los aciertos y generar un impacto inolvidable.

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¿Conoces el método creativo de Walt Disney? Te digo cómo aprovecharlo

La pereza, además de un pecado capital, es una de tantas verdades hechas a partir de la reiteración que nos sirve como una plácida zona de confort. Aunque nos provoque un poco de sonrojo, debemos admitir que los seres humanos, todos, somos perezosos. Es decir, en determinadas circunstancias somos flojos, holgazanes para cumplir con algunas tareas.

Es lo que está detrás de aquellas máximas “no puedo”, “no nací para esto”, “lo he intentado y no lo conseguí” y otras más que aprendemos a partir del ejemplo de otros. Frases fáciles que creemos nos van a liberar de la responsabilidad, y de hecho a veces así es. Sin embargo, casi nunca nos despoja de la culpa, que la cargamos como una pesada lápida. Es algo agotador.

Nos rendimos fácil, es la verdad. Renunciamos a nuestros sueños sin darnos cuenta de que son más que una ilusión. ¿A qué me refiero? Cumplir un sueño puede llegar a cambiar el rumbo de tu vida. Entre otras razones, porque es la demostración de que “sí puedes”, “de que sí naciste para conseguir lo que quieras”. Esta, como cualquier moneda, tiene dos caras.

Lo que sucede es que no todos estamos dispuestos a pagar el precio que corresponde. Porque nada es gratis en la vida, en especial, lo bueno. Aprender un segundo idioma implica un esfuerzo, disciplina, trabajo y disposición. Hay algunos más sencillos de aprender porque son afines a tu lengua nativa, pero es posible aprender cualquier idioma, sin limitación.

De hecho, hay personas que dominan a la perfección (hablado y escrito) más de 10 idiomas. O, quizás, conoces a alguien que es muy bueno (mejor que el promedio) en varios deportes, lo que implica aprender los fundamentos de la técnica y ponerlos en práctica. El mensaje que te quiero transmitir es que los seres humanos disponemos de lo necesario para aprender.

Y cuando digo “lo necesario” no significa que ya lo sabemos todo, sino que lo podemos aprender todo. Y no solo eso: con dedicación, disciplina y trabajo, podemos ser buenos en lo que nos propongamos. No hay más límites que aquellos que te imponen tu mente, los hábitos adquiridos y tus miedos. Sin embargo, a estos rivales los puede vencer.

Una de las manifestaciones más comunes de esta creencia limitante es aquella de pensar, y asumir, que no somos creativos. O, en otras palabras, que la creatividad es un don especial que les fue concedido a unos pocos. Y no es cierto: todos, sin excepción, somos creativos, aunque en distintas áreas o tareas. Lo primordial es descubrir en cuál, y aprovecharla.

El diccionario nos dice que creatividad es “la facultad de crear” y nos ofrece como sinónimos “inventiva”, “imaginación”, “ingenio” y la tristemente malinterpretada y nunca comprendida “inspiración”. A primera vista, sin embargo, el diccionario no nos dice lo más importante. ¿Sabes a qué me refiero? A que se trata de una capacidad innata, de una habilidad.

Ya lo había mencionado antes: todos los seres humanos, sin excepción, podemos aprender lo que queramos. Y no solo eso: también podemos ser muy buenos en esa actividad, sea cual sea. Pintar, cantar, correr, nadar, escribir, interpretar datos, diseñar, cocinar, enseñarles a otros, en fin. No hay límites, repito. Sin embargo, la clave está en la palabra facultad.

¿Sabes cuál es su significado? “Poder o derecho para hacer algo”, así como “Aptitud, potencia física o moral”, cuyos sinónimos son “capacidad”, “inteligencia” y “talento”, entre otros. Entonces, descubrimos algo que, a mi parecer, es superpoderoso: la creatividad, esa facultad que muchos creen es un don, en realidad se trata de una decisión, de una elección.

Es decir, tú eliges en qué quieres ser creativo. O, de otra forma, tú pones los límites. Si tú decides ser creativo para aprender inglés, lo harás y seguramente en un nivel superlativo, al punto de no desmerecer ante un nativo. O, quizás, eliges ser un muy buen diseñador y lo consigues a partir de tu aprendizaje, de tu dedicación, de tu disciplina, de tu creatividad.

Ahora, te voy a revelar un secreto que seguramente desconoces y que, si lo aprovechas, si lo sabes adaptar a tu trabajo creativo, cambiará los resultados (y quizás cambie también tu vida). Vamos: la creatividad es producto de un método. A lo mejor piensas “es lógico” o, más bien, “es una locura”. No importa cuál opción tomes, porque te daré un ejemplo irrefutable.

Uno de los seres humanos que fue etiquetado como genio, como creativo en nivel superlativo, fue Walt Disney. No tengo que decirte quién fue, porque todos lo disfrutamos desde la niñez con sus maravillosas creaciones. Su habilidad se manifestaba a través de dibujos animados, de caricaturas, que fueron la base de sus películas. Ese era el insumo, pero faltaba más.

Robert Dilts, uno de los mayores impulsores de la Programación Neurolingüística, autor de varios libros sobre el tema, y experto en la PNL aplicada a la creatividad, desentrañó el método creativo de Disney. Estableció que contempla tres etapas y junto con su equipo de trabajo se dio a la tarea de aplicar y replicar estos conceptos en el ámbito empresarial.

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Estos son los roles o etapas del proceso creativo de Walt Disney:

1.- El soñador.
Walt Disney solía repetir esta frase: “Si puedes soñarlo, puedes crearlo. Recuerda que esto comenzó con un ratón”. El punto de partida de todo proceso creativo, cualquiera, es una idea. Tan solo una idea. Ni siquiera una buena idea, o una genial. Y las ideas, todas, quizás ya lo sabes, están en ti: en tu conocimiento, valores, principios, experiencias y, claro, sueños.

Deja volar la imaginación, libre, caprichosa. Y nútrela, para que te permita generar nuevas y mejores ideas. Lee, haz ejercicio, aliméntate bien, haz lo que te gusta, medita, pasa tiempo de calidad con tu familia y seres queridos, sé generoso con quienes tienes menos que tú. Y algo más: observa, escucha, abre tus sentidos a las experiencias más simples de la vida.

2.- El realista.
La magia de las creaciones de Disney radica, entre otras razones, en que la delgada línea que divide la imaginación de la realidad es difusa unas veces y otras, magistralmente manejada. Todo lo que el hombre ha creado desde siempre incorpora una dosis de realidad y la razón es muy sencilla: nuestro cerebro crea a partir de lo que ya conoce, de lo que le has enseñado.

Otro aspecto que debes considerar: ¿qué tan atractiva es esa idea, esa creación, para otras personas? Y algo más: ¿en ese justo momento cuentas con los recursos necesarios para crear lo que imaginas? ¿Qué hace falta? ¿Cómo lo conseguirás? El proceso creativo de cualquier idea, de una buena idea, requiere un polo a tierra que aporte credibilidad.

3.- El crítico.
Olvídate de caer en la misma trampa en la que se extinguen las buenas ideas. ¿Sabes cuál es? Enamorarte de ella, pensar que es perfecta, asumir que le encantará a todo el mundo. En esta etapa del proceso se trata de mirar tu idea en perspectiva y detectar eventuales vacíos o debilidades que puedan manifestarse más adelante y, lo más triste, echar a perder la idea.

De lo que se trata es de blindar tu idea para que pueda convertirse en el producto creativo que tanto anhelas, el que soñaste. Ponlo a prueba con tu familia, tus amigos, con algunos compañeros de trabajo, con alguien con quien no tengas relación. Validar es fundamental porque nos permite identificar los errores en un escenario que podemos controlar.

¿Eso es todo? No, es la punta del iceberg. ¿A qué me refiero? Siempre se requiere algo más, porque como mencioné al comienzo, la idea, la mejor de las ideas, es tan solo el comienzo. Para que se convierta en una creación que valga la pena compartir, que sea apreciada por quienes la reciben y, en especial, que les aporte valor, se requiere que la rodees bien.

Es decir, que tu creación contemple todos los elementos de una buena historia. Como las de Disney, no lo olvides. Es decir, que esté en capacidad de conectar con las emociones de la audiencia y, no sobra recalcarlo, emocionarla, conmoverla y, sobre todo, inspirarla. Que a través de la identificación cada persona se sienta parte de la historia, quiera ser parte de ella.

Moraleja: la creatividad no es un don y tampoco está determinada por la inspiración. Es una capacidad innata del ser humano, por un lado, y una habilidad que se desarrolla, se potencia, se fortalece, por otro. Las buenas ideas están dentro de ti, pero para que se transformen en creaciones que valgan la pena es necesario cultivarlas, mimarlas, para que la cosecha sea buena.

Y no puedes olvidar algo básico: la mejor idea del mundo se diluirá en el camino si no está respaldada por un plan y una estrategia. Es decir, a quién va dirigido tu mensaje, cuál es el objetivo que persigues, por qué le ha de interesar a otros esa idea (o creación) y cuál es el valor que le aportarás con esa creación. Estos elementos blindarán tu proceso creativo.

Lo que me interesa que aprendas es que un proceso creativo es algo personal, único. Cada uno tiene el suyo y, por más que quieras, no puedes copiar el de otro. Puedes, sí, tomar su modelo y adaptarlo al tuyo, pero recuerda que una creación, cualquiera, surge de esencia. Y eso, precisamente, es lo que la hace valiosa. En este caso, no vale el odioso copy +paste.

Así mismo, me encantaría que entiendas, y aceptes, y pongas en práctica, que dentro de ti hay un genio. ¡Sí, un genio! Que está a la espera de que frotes la lámpara y le asignes una tarea. De eso se trata, precisamente. No olvides lo que dijo Walt Disney: “piensa, sueña, cree y atrévete”. Atrévete porque la vida te brinda un privilegio de ser inolvidable con tu historia.

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